En internet son muy habituales los artículos sobre como preparar o prepararse para un examen. Es decir, artículos escritos desde la perspectiva de los alumnos. Y por tanto, para que les resulten útiles a ellos. Sin embargo, no son tan habituales los artículos sobre los exámenes orientados a los propios profesores. Este es uno de ellos. ¿Cómo deben ser los exámenes? ¿Qué se debería evaluar en ellos? ¿Cómo deben corregirse? ¿Qué actitud se debe tomar en una revisión de exámenes?

Soy profesor de Periodismo desde hace ya más de diez años. Por tanto, y aunque todos los días me sorprendo aprendiendo algo nuevo, creo que puedo hablar desde la autoridad que me conceden estos años de experiencia.

Creo, como bien dicen en este artículo, que todos los exámenes deben considerarse una parte más de la experiencia de aprendizaje de los alumnos pero nunca como un anexo ni como la culminación de un proceso. La culminación del proceso debe ser haber aprendido. Y no pasar el examen. Los mejores exámenes son aquellos que les dan información útil a los profesores sobre sus alumnos. Del mismo modo, cualquier alumno debe aprender algo nuevo de un examen.

Estas son algunas características que debería tener cualquier examen:

> 1. El examen debe ser justo y por tanto debe ceñirse a los conceptos y habilidades trabajados en el aula.
> 2. Todos los exámenes deben contener preguntas generales para evaluar los mínimos adquiridos y otras más específicas para afinar el resultado final..
> 3. Los exámenes deben servir para que el alumno demuestre lo que sabe hacer y no sólo lo que sabe recordar.
> 4. Los exámenes no deben facilitar las trampas  y para ello lo mejor es que se exija cierto análisis o capacidad crítica de interpretación por parte del alumno. Igual que dos opiniones nunca pueden ser idénticas, dos exámenes con estas características tampoco deberían serlo.

Además, antes de un examen escrito en grupo, sobre todo si es numeroso, hay una serie de recomendaciones que cualquier profesor debería tener en cuenta también:

> 1. Ser puntual demuestra educación y empatía. Por lo general los alumnos suelen estar nerviosos y excitados. No deberíamos hacerles esperar más de lo necesario.
> 2. Es conveniente separar las mesas y alinear a los alumnos en filas, no para que sea más difícil que copien, sino porque la disposición del aula puede favorecer la concentración de los alumnos. Igualmente es importante despejar sus mesas por esta misma razón.
> 3. Habría que explicar el examen antes de entregarlo para que los alumnos escuchen con mayor atención sin tener la tentación de empezar cuanto antes.
> 4. Repartir el examen boca abajo para que todos los alumnos sirve para que todos los estudiantes puedan empezar al mismo tiempo.
> 5. El profesor debe ser consciente de las dudas que puedan ser comunes y en esos casos contestar en voz alta a cualquier alumno.
> 6. Es fundamental recoger en silencio los exámenes y garantizar el orden en la sala mientras los alumnos que van terminando salen del aula.
> 7. Puede parecer una tontería, pero os aseguro que grapar los exámenes y asegurarse de que todos los alumnos ponen el nombre, nos puede ahorrar después mucho trabajo a la hora de corregir.

El examen no termina cuando el alumno entrega el papel con su nombre, sino después de la revisión y cuando, llegado el caso, el alumno haya planteado todas sus dudas y objeciones al profesor. Si un alumno, independientemente de la calificación obtenida, no entiende por qué tiene esa nota, el profesor no habrá hecho bien su trabajo. Sé que es utópico pero debería ser obligatorio revisar individualmente todos los exámenes. La evaluación de un examen debe ser siempre comprensible para todas las partes implicadas, sin ambigüedades y en base a criterios lo más objetivos posibles.

Por eso, yo normalmente recomiendo seguir estas cuatro normas fundamentales respecto a la corrección de pruebas escritas:

> 1. Realizar y puntuar el examen antes que los alumnos. Incluso si el examen es de desarrollo o con preguntas abiertas, un profesor debe ser capaz de sintetizar y puntuar proporcionalmente sobre una plantilla una serie de ideas o palabras clave que toda respuesta correcta debería contener. Igualmente hay que ser capaz de valorar las posibles “animaladas” que pueden restar puntos a una respuesta.
> 2. Puntuar los exámenes sobre 100 puntos.
> 3. Yo siempre corrijo los exámenes por preguntas y no por alumnos. De esta forma, al corregir siempre la misma pregunta -sobre todo cuando se trata de exámenes de desarrollo- somos capaces de mecanizar y memorizar con más facilidad la forma de puntuar las respuestas. Además de esta forma no influye la nota de la pregunta anterior, en las sucesivas.
4. Y por último, una cuestión que me parece importante porque está íntimamente ligada a la cantidad de tiempo que los profesores pasamos corrigiendo exámenes, yo no siempre justifico por escrito los errores de los exámenes. No me enorgullezco, pero si atendemos a la cantidad de alumnos que después se preocupan por preguntar o simplemente revisar en qué han fallado, cualquiera en mi lugar haría seguramente lo mismo.

Pero, por cerrar aquí este post que podría ser interminable, también tengo que reconocer que no siempre ha sido así. Hace años justificaba cualquier decisión por escrito en los exámenes. Pero también es cierto que eso me daba mucha seguridad a la hora de recibir a los alumnos el día de la revisión. Lo que me hace pensar, sin ánimo de querer generar ninguna polémica, si algunos (malos) profesores no aprobarán a los alumnos por miedo a enfrentarse a ellos o por su propia inseguridad.

Si eres alumno y has llegado hasta el final de este post te mereces un enlace a los trucos para preparar un examen o los trucos para desconectar después de exámenes que hemos publicado previamente.

Imagen (Flickr – CC)