Hace unos días, algunos medios de comunicación se hacían eco de una noticia cuanto menos llamativa: el número de trabajadores autónomos ha crecido durante los tres últimos meses de forma consecutiva, algo que no había ocurrido desde el inicio de la crisis, según anunció la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA).

Según este comunicado, en el último trimestre el número de altas superó al de bajas en 20.963 autónomos. Esta subida ha permitido superar de nuevo la barrera de los 3,1 millones de autónomos, una barrera psicológica que se había perdido en enero de este año. Con esto me surge una pregunta: ¿por qué aumenta el número de autónomos si se destruye tanto empleo por cuenta ajena?

Aunque esta situación se da por diversos factores, no hay duda de que los autónomos forman ya el 80% del tejido empresarial de este país. Las empresas lo saben, y cada vez son más las que solicitan a sus trabajadores que se den de alta en el régimen de autónomos para no ser despedidos. Muchas compañías se encuentran con el problema de que no pueden afrontar el gasto de Seguridad Social e IRPF de cada uno de sus empleados, pero, a su vez, no pueden hacer frente a las indemnizaciones por despido. Por tanto, algunas de ellas han solicitado a sus empleados darse de alta como autónomo para poder seguir trabajando.

¿Es una buena solución? Según cada caso. Está claro que desde ese momento el trabajador deberá asumir el coste de sus autónomos, por lo que debería pedir a la empresa un aumento de sueldo si no quiere que sus ingresos netos disminuyan. Aun así, lo lógico es que si la empresa ofrece esa propuesta a sus empleados lo haga ofreciéndoles el sueldo bruto en nómina del trabajador, y no el neto.

Además, el trabajador debe saber que entrar a formar parte del régimen de autónomos dependientes (del que hablaré más concretamente en el próximo post) puede repercutir en un incremento notable en el impuesto sobre la renta a pagar, puesto que perdería la deducción por rendimientos netos del trabajo. Tampoco hay que olvidar la diferente cobertura social que recibe un trabajador por cuenta ajena y un autónomo, sobre todo en materia de desempleo o por baja por enfermedad o discapacidad.

Sin duda, es una solución que se puede estudiar en tiempos de crisis, pero que antes de tomarla los empleados han de tener muy claras las cuentas, puesto que el trabajador afectado puede ser el más perjudicado en este despido pactado, sobre todo por la merma que pueden sufrir sus ingresos anuales.