En un mercado laboral marcado por la incertidumbre, la precariedad y una mayor conciencia sobre la salud mental, cada vez más personas apuestan por desarrollar su trabajo de forma más discreta, más consciente y más alineada con su vida personal. Es lo que se conoce como «quiet ambition» o ambición silenciosa, una tendencia que está transformando la manera de concebir la carrera profesional, especialmente entre los jóvenes.
¿En qué consiste exactamente la «quiet ambition»?
Lejos de ser una moda puntual, esta nueva tendencia denominada «quiet ambition» (en castellano ambición silenciosa) surge como oposición a los modelos tradicionales de desarrollo profesional, basados en carreras extenuantes, altos niveles de exigencia y una productividad constante, que no siempre tienen en cuenta a la persona.
Como explica Isabel Iglesias, Directora de Sirania, consultora que ayuda a empresas y profesionales en la gestión de talento, esta tendencia se basa en la idea de que cada profesional tome las riendas de su carrera y decida no solo qué quiere hacer, sino también cómo quiere desarrollarla, sin verse sometido a los viejos patrones heredados. «En cierta manera, es una forma mucho más razonable y coherente de decidir hacia dónde quieres dirigirte profesionalmente, de optar por decisiones laborales que están más alineadas con tus valores».
Para muchos profesionales, el éxito ya no se mide únicamente por el salario o el puesto que figura en la tarjeta de visita. Se mide en calidad de vida, equilibrio, flexibilidad y capacidad de desconectar. Tener energía al final del día, poder conciliar o sentir que el trabajo está alineado con los propios valores se convierte en un indicador clave de una carrera profesional satisfactoria.
Un cambio generacional con causas profundas
La «quiet ambition» conecta especialmente con la Generación Z, y no por casualidad. Según señala Isabel Iglesias, se trata de una generación que ha crecido viendo de cerca la precariedad laboral, el desempleo juvenil y las dificultades reales para cumplir las promesas que durante años acompañaron al mensaje de «esfuérzate mucho y progresarás». Este contexto ha llevado a muchos jóvenes a optar por un modelo de trabajo distinto al de generaciones anteriores, más realista y ajustado a sus expectativas.
Además, la pandemia supuso un punto de inflexión. El auge del teletrabajo, la flexibilidad y la reflexión colectiva sobre lo verdaderamente importante, reforzaron la idea de que trabajar más horas no siempre significa trabajar mejor ni vivir mejor. A esto se suma una mayor conciencia sobre la salud mental: el estrés constante, el agotamiento y el burnout dejan de verse como daños colaterales inevitables y pasan a interpretarse como señales de alerta.
Todo esto ha desembocado en una mayor rotación laboral, especialmente entre los jóvenes. Un 41% de los profesionales de la Generación Z (de 18 a 28 años) han dejado el trabajo menos de un año después de haber empezado, frente a una media del total de trabajadores del 32%. Así lo apunta el estudio Claves laborales-Generación Z elaborado por la empresa de recursos humanos Randstad. Esta cifra de abandono laboral temprano de los GenZ contrasta con el 29% de los millennials, el 23% de la Generación X o el 11% de los baby boomers.

No es desinterés, es otra forma de compromiso
Al contrario de lo que puede parecer a simple vista, la ambición silenciosa o «quiet ambition» no implica desinterés ni falta de objetivos. Para la Directora de Sirenia, simplemente «son conscientes de que no quieren verse como las generaciones anteriores». Las personas que se identifican con esta tendencia quieren hacer bien su trabajo, aprender y evolucionar, pero no están dispuestas a sacrificar su salud, su tiempo personal o su bienestar emocional por una carrera que lo absorba todo.
Iglesias también apunta que uno de los errores más comunes es confundir «quiet ambition» con otro término anglosajón del que también se habla mucho «quiet quitting», una tendencia centrada en no implicarse ni comprometerse más de lo necesario. Básicamente, hacer lo mínimo que marca el contrato, desconectando emocionalmente del trabajo
Estas personas buscan estabilidad, proyectos con sentido y entornos laborales saludables. Prefieren crecer de forma progresiva, especializarse y aportar valor desde su rol, sin necesidad de competir constantemente por ascensos o visibilidad. Su compromiso existe, pero no se basa en estar siempre disponibles ni en convertir el trabajo en el eje central de su identidad.
El impacto en las empresas y en Recursos Humanos
Este cambio de mentalidad supone un reto claro para las empresas y, en especial, para los departamentos de Recursos Humanos. Durante años se ha tendido a aplicar modelos homogéneos de desarrollo profesional, bajo la lógica del «one size fits all» (una misma talla para todo el mundo). Sin embargo, como señala Isabel Iglesias, este enfoque ha dejado fuera a muchas personas que no se sentían identificadas con las estrategias de fidelización o crecimiento propuestas.
Comprender qué motiva a cada profesional, qué necesita y en qué momento vital se encuentra se ha vuelto clave. La «quiet ambition» puede llegar a convertirse en problema para los departamentos de RRHH, si las organizaciones no son capaces de entender que cada persona tiene objetivos diferentes y que éstos pueden cambiar con el tiempo.
