Las cosas suceden, de una manera u otra.

No hay un modo de determinar en qué manera o forma las cosas interconexionan entre sí. Pero está claro que cuando lo hacen, ejercen cambios que pueden afectar a todo lo que nos rodea.

Y no hay nada como dejar que las cosas sucedan de improviso, como para darnos cuenta de que a veces el destino nos depara muchas más sorpresas de las que creemos.

Recientemente he finalizado un curso de Formador Ocupacional por el Servef (Servicio Valenciá d’Ocupació y Formació). Lo cito porque es importante que se sepa y que se agradezca el esfuerzo que muchas administraciones públicas están haciendo para la formación y para la profesionalización de los desempleados en toda España. En mi caso, al residir en Castellón, fue este organismo el que me ha facilitado la posibilidad de ampliar conocimientos y de obtener una certificación profesional, en un campo que ya venía desarrollando profesionalmente, pero del que nunca me había preocupado por acompañar de un título oficial.

Lo interesante de todo esto, realmente no se centra en el hecho de haber adquirido nuevos conocimientos. Sino en su aplicación a lo que realmente me interesa ahora mismo, que es poder tener un currículo que destaque entre todos los demás.

La sempiterna carta de presentación profesional

Que el Currículo es la herramienta por excelencia a la hora de optar a un trabajo, no es un secreto que os desvele. En absoluto.

El problema al que nos enfrentamos todos cuando nos encontramos frente a la hoja en blanco de nuestro editor de texto, es qué información exactamente incluir, pero sobre todo cómo ponerla, para que destaque de la mejor manera posible.

El miedo que siempre tengo es que mi currículo incluya demasiada información.

Obviamente, va a depender de la cantidad de experiencia que tengamos. Pero creo que a casi todos nos ha pasado que cuando tenemos que resumirla a dos páginas, nos sobre información por todas partes, y no sabemos qué quitar para que no nos descarten por no haber mencionado tal o cual cosa.

Yo os propongo que vayamos paso por paso y que analicemos fríamente lo que debería de incluirse. Y como cada uno somos de una madre y de un padre (todos diferentes en cuanto a formación y experiencia), pues trataré de ceñirme a lo general para entrar en lo particular, y terminar teniendo un currículo que se ciña a lo que casi todos esperamos (reclutadores y responsable de selección incluidos, si no, no nos sirve de nada).

1. El encabezado. Está claro que debemos de incluir nuestros datos personales y de contacto. Pero las últimas tendencias en recursos humanos hablan de que se dé un paso más. Es un error (por lo visto) encabezar el currículo con nuestro nombre y apellido. Debe de incluirse, claro está, pero lo que ayuda mucho más a que un responsable de selección se fije en el nuestro (o a que no lo descarte), no es otra cosa que iniciar el currículo con una breve frase que nos describa profesionalmente. Algo del tipo (en mi caso): Experto en comunicación interna y externa, para el caso de que el puesto requiera de conocimientos en ese campo. Siempre adecuado a las necesidades que el puesto demande, y exprimiendo al máximo nuestras competencias profesionales.

2. Estructurar la experiencia profesional. Habitualmente, en Europa, se suele utilizar el currículo cronológico, donde relatamos nuestra experiencia profesional desde la más reciente a la más antigua. Pero, ¿qué pasa si hemos trabajado en varias áreas de especialización, o en puestos que no tienen nada que ver unos con otros? En ese caso, el reclutador, puede perderse a la hora de leer aquello que le interesa y para lo que te está seleccionando. Bueno, en mi caso, he preferido estructurar mi experiencia de manera cronológica, pero también estructurada por competencias o áreas de profesionalización. Así le facilito al seleccionador el trabajo de centrarse en aquello para lo que realmente me quiere, y dejo el resto de la información como plus, sobre todo para que tenga en cuenta que sé hacer otras cosas que creo les puede ser útil en el puesto al que opto.

3. Formación, idiomas y conocimientos informáticos. Por supuesto que todo eso también hemos de incluirlo. De manera ordenada, y con un pequeño matiz que os desvelo más abajo: usad los verbos de la taxonomía de Bloom.

Todo esto ya lo sé… Para qué hablar de Bloom y esa taxonomía

Bueno.

Es verdad.

Hasta aquí está claro que es un currículo más o menos normal, con algunos cambios. Pero lo realmente importante viene ahora.

Revisando la web, he descubierto que a algunas empresas les gusta que se citen los intereses (profesionales), y las áreas de profesionalización. Un mix entre el resume que se utiliza en Estados Unidos, sobre todo, y el currículo que se emplea en Europa mayoritariamente.

Los intereses profesionales no son otra cosa que el compendio de habilidades que has adquirido a lo largo de tu vida (profesional o personal), y en lo que destacas (aquí ya sí), profesionalmente. Por ejemplo, puedes haber desarrollado una habilidad jugando con la Play Station detectando bugs o errores en juegos que están en el mercado, y puedes convertirlo en un aliciente para tu currículo incluyendo en el apartado Habilidades: tester de juegos (por ejemplo, ya te encargarás de explicarlo en persona a quien te haga la entrevista).

O, qué se yo, en la última empresa en la que estuviste, tu jefe no hacía más que pedirte que hicieras presentaciones en Power Point porque eras el que más sabías de ofimática, pues aprovéchalo e incluye que tienes alta capacidad en presentaciones multimedia.

El caso es saber explotar tus habilidades y transmitirlas para que se sepa de lo que eres capaz. El objetivo no es otro que tener un listado de entre unas diez o veinte habilidades que, en mi caso, pongo en dos o tres columnas (de Word) para que no me ocupen demasiado espacio en la página.

Y de Bloom, ¿qué?

Antes que nada, os presentaré a ese tal Bloom. Según reza la Wikipedia, Benjamin Bloom es un psicólogo de la educación de la Universidad de Chicago, a quien la Asociación norteamericana de psicología le encargó, en 1948, una clasificación de los diferentes objetivos y habilidades que los educadores pueden proponer a sus estudiantes. Yo he sabido de ella en el curso que os citaba al principio del artículo. Y lo interesante es la categorización que hace de las habilidades de pensamiento.

 

Esta categorización no hace más que estructurar en grados de importancia (: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación) una serie de verbos que, sin equivocación, establecen lo capaces que somos de desempeñar una tarea.

El asunto es que además de las habilidades e intereses, creo que es altamente recomendable que se incluya un apartado de perfil profesional en donde se cuente lo que eres capaz de hacer por esa empresa. Es donde describes de una manera sucinta y clara para qué vales, con frases del estilo ‘Alta capacidad de gestión y de organización preparado para la obtención de resultados, y a la mejora del rendimiento‘.

De esa frase, lo que importa es el verbo preparado, que si os fijáis en el enlace de la taxonomía de Bloom, refiere a la capacidad de Aplicar (poner en funcionamiento) un conocimiento.

A ver.

Lo que se pretendía con esta clasificación no es otra cosa que facilitar a los sociólogos y educadores a establecer un orden de los verbos en función de su significado potencial más acertado. De forma que cuando se lee una propuesta (normalmente para la confección de contenido educativo) la persona receptora supiera el tipo de nivel de aprendizaje que se iba a dar en esa materia o área.

De esta forma, cuando se habla de preparado, se hace referencia a que la persona que lo utiliza está en el nivel de competencia suficiente como para poner en marcha o ejecutar dicho conocimiento sin ayuda ni supervisión de nadie. Os hablada antes de la categorización por conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación.

Conocimiento haría referencia al nivel más bajo, es decir, conocemos de esa capacidad, hemos oído hablar de ella, pero nada más. Hablamos de un nivel muy bajo de uso de esa habilidad: Recordamos lo aprendido con anterioridad como hechos, términos, conceptos básicos y respuestas.

Comprensión es cuando, además de conocerla, la entendemos y la comprendemos, pero no somos capaces de usarla, por el momento, al menos, correctamente. Hablamos de un nivel bajo de esa habilidad: Demostramos que lo entendemos con hechos e ideas organizando, comparando, traduciendo, interpretando, haciendo descripciones y exponiendo las ideas principales.

Aplicación es cuando sabemos usar esa habilidad, cuando somos proactivos. Venimos a decir que tenemos capacidad propia de generar trabajo en ese campo. Hablamos de un nivel medio de conocimiento de esa habilidad: Resolvemos o solucionamos problemas aplicando el conocimiento adquirido, hechos, técnicas y reglas, de manera diferente.

Análisis, porque somos capaces de meditar y sopesar pros y contras y proponer soluciones. Hablamos de un nivel alto de conocimiento en esa habilidad: Examinamos y fragmentamos la información en diferentes partes mediante la identificación de causas y motivos; realizamos inferencias y encontramos evidencias que apoyen generalizaciones.

Síntesis, porque ya elaboramos patrones propios. Somos gestores, creadores. Es como ser líderes en un campo y venimos a decir que la gente nos imita. Una buena definición para liderar equipos, por ejemplo. Estamos hablando de un nivel muy alto de conocimiento de esa habilidad: Compilamos información y la relacionamos de diferente manera combinando elementos con un nuevo patrón o proponiendo distintas alternativas de solución.

– Y, Evaluación, cuando somos quienes establecemos criterios a la hora de hacer las cosas. Cuando queremos decir que somos expertos en ese campo: Exponiendo y sustentando opiniones realizando juicios sobre información, validando ideas sobre trabajo de calidad en base a criterios establecidos.

En resumidas cuentas

En la era de la web 2.0 es importante no tanto el contar con un currículo estupendo y alucinante, sino el saber destacar nuestras habilidades y nuestro perfil profesional, de forma que cuando se nos lea, se entienda y se comprenda que quien ha elaborado ese currículo es bueno, muy bueno o excelente en su campo.

Bloom facilitó la tarea a educadores y sociólogos allá por los años cincuenta, del siglo pasado. Yo creo que es un acierto aprender a utilizarlos para destacar nuestras competencias y cualidades profesionales. Empleando correctamente unos verbos que, además de delimitar nuestras capacidades, también van a facilitarnos la tarea de escribir frases más cortas y certeras que describan mejor lo que queremos decir.

Echadles un ojo.

Tomaros vuestro tiempo.

Y empezad a modificar vuestros currículos para esta nueva era del conocimiento.

@AntonioVChanal
Coacher