Ser un buen profesional no solo consiste en tener actitudes, capacidades, conocimientos y experiencias valiosas para el desarrollo de una tarea. Además se debe cuidar de que la propia imagen no ponga en cuestión estas cualidades o mantener una actitud que arruine la reputación conseguida mediante un trabajo bien hecho.

1. Respeto por el tiempo de los demás

Ser impuntual sistemáticamente o no avisar cuando se va a llega tarde a una cita o reunión puede provocar la impresión de que el tiempo de los demás no importa. Si en cualquier relación es necesario respetar esto, hacerlo en una relación profesional donde el tiempo es oro y se paga será clave.

2. Reconocer los propios errores

No hacerlo contribuirá a crear una imagen de falta de seguridad en las propias capacidades. Saber reconocer en qué se ha fallado y tratar de corregir es síntoma de una actitud constructiva. Además, no admitirlos no los hará desaparecer, esa actitud negacionista empañará una buena ejecución de tareas.

3. Expresarse de forma correcta

Trabajar sobre la forma de expresarse tratando de mejorarla es fundamental en la construcción de relaciones profesionales. No todo el mundo tiene las mismas cualidades para comunicarse pero contemplar unos básicos como no utilizar palabras malsonantes, respetar los turnos de palabra y no cortar la argumentación de alguien es algo que siempre debe tenerse en cuenta. Esto pasa también con el leguaje escrito. Cuando se tienen faltas de ortografía, al que las lee le remite directamente a una falta de formación básica por por parte de quien las comete y llega a poner en cuestión sus capacidades en el resto de aspectos.

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4. Promesas incumplidas

Una reputación no se construye basada en el engaño. Puede que haga obtener beneficios inicialmente pero en el medio plazo incumplir con los compromisos es una actitud poco rentable que puede destruir la credibilidad como profesional. Lo peor es que puede expandirse al resto de clientes, proveedores o compañeros y que se produzca una crisis de confianza en el propio trabajo. Promete lo que sepas que serás capaz de cumplir y esfuérzate en que así sea.

5. Respeto por la privacidad y evitar crear mal ambiente

Utilizar las posiciones de poder para indagar en las vidas de los demás echará por tierra una cualidad muy valorada profesionalmente como es la discreción. Las relaciones laborales son complejas porque se pasa gran parte del tiempo en convivencia. Poder velar por que haya un clima de respeto en el que no quepa promover juicios sobre la vida más allá de la oficina creará un clima laboral más respetuoso y profesional.

6. Negarse a los cambios

En el ámbito laboral los cambios en los procesos son constantes. La implementación de mejoras, corrección de errores y asunción de nuevos retos hacen que las cosas que no funcionan cambien. Tener reticencias frente a los cambios desmerece la imagen profesional, pues se percibe como un estancamiento, como un miedo a los cambios más allá de lo razonable. Mantén una postura positiva frente a los cambios.

7. Inteligencia emocional

Desarrollar una buena gestión emocional también en el trabajo es crucial. Saber tomarse con deportividad las críticas diferenciando claramente cuáles se hacen de forma constructiva de las que son malintencionadas contribuirá a forjar una buena imagen como experto. Saber bandear el mal humor propio como ajeno sin dejarse llevar por la frustración o el enfado ayudará a crear una imagen de ecuanimidad y a tener un mejor control emocional de las situaciones.

8. Uso adecuado de las redes sociales

La etiqueta debe guardarse en toda situación profesional. Por ejemplo, las redes de contactos que se tienen en LinkedIn están compuestas por personas a las que les interesa exclusivamente tu perfil profesional. Utiliza otras redes sociales para asuntos que tengan que ver con otras habilidades y que no sean interesantes en el ámbito profesional. Si tienes un perfil profesional en Facebook, procura no mezclar información que tenga que ver con tu vida privada para que tu imagen como experto sea la apropiada.

Recuerda que seguir estas recomendaciones pueden ayudarte a crear un perfil profesional sólido y de confianza. Aunque no siempre es fácil mantenerlo. Según indica Belén Arcones, Directora Ejecutiva IMF Business School, lo que puede dar una imagen  poco profesional es “adquirir compromisos que no se van a poder cumplir”. 

En ocasiones la vocación de dar servicio y ayudar al equipo o la organización, lleva a aceptar propuestas en tiempos y formas que no son realistas. Lejos de servir de ayuda, es posible convertirse en cuello de botella, entorpeciendo en lugar de ayudar. La buena intención no es suficiente.  Es importante que sepamos gestionar nuestro tiempo correctamente y dimensionar nuestras tareas y sobre todo saber priorizarlas. Realizando este ejercicio cada vez que asumimos una nueva responsabilidad, podremos hacer una previsión ajustada a la realidad y adquirir un compromiso de entrega de dicha tarea que podamos cumplir en tiempo y forma. No es fácil corregir este impulso de buena intención, pero es algo a trabajar seriamente, hacernos conscientes de que puede afectar al correcto funcionamiento de los equipos y sobre todo para que no se ponga en cuestión nuestra profesionalidad.Belén Arcones