“El yoga cultiva las formas de mantener una actitud equilibrada en la vida cotidiana y dota de capacidad en el desempeño de las acciones propias”, con estas palabras describía la extendida disciplina uno de los maestros más relevantes que ha tenido esta práctica de origen hindú, B.K.S. Iyengar.

Las Naciones Unidas patrocinan la práctica de yoga

La relevancia y los beneficios del yoga han llevado a la India a proponer la celebración de un día dedicado a esta disciplina. El 21 de junio se celebra el Día Internacional del Yoga, por ser una práctica que aporta una visión holística de la salud y el bienestar y cuya difusión contribuye a mejorar la salud de la población mundial.

A través de posturas o asanas, en el yoga se trabaja para armonizar la relación entre mente y cuerpo. La práctica continuada aporta claridad de mente, salud corporal y estabilidad emocional.

El yoga en el aula para ayudar al intelecto

Estos beneficios han llevado a cada vez más educadores a introducir su práctica dentro de las aulas. Ayudan a centrar la atención y establecer un estado de relajación que propicia un ambiente tranquilo para el desarrollo de una clase. A veces basta solo con diez minutos de práctica antes de comenzar una clase de inglés, por ejemplo, para que desaparezca el barullo típico que se forma en un aula.

El yoga aporta otra enseñanza a sus practicantes, y es que se trata de una disciplina no competitiva.  Ayuda al conocimiento del propio cuerpo desde la humildad y las propias capacidades.

La asociación francesa con sede en España especializada en yoga y educación RYE (Recherche sur le yoga dans l’éducation) propone un método de trabajo basado en las enseñanzas que aporta la práctica del yoga para favorecer el aprendizaje en las clases.

  • Promover la convivencia a través de ejercicios para conocer al resto de la clase.
  • Cultivar hábitos saludables y de autoconocimiento a nivel físico y mental, como reconocer los pensamientos negativos o el cansancio y aprender a deshacerse de ellos.
  • Desarrollar de la conciencia corporal.
  • Descubrir la respiración como herramienta para tranquilizarse.
  • La relajación como estado en el que se adquieren conocimientos de forma eficaz.
  • Concentración para favorecer la atención y aprender a hacer uso de la capacidad mental.

Desde esta asociación destacan otra de las ventajas de la práctica del yoga en las aulas: la mejora de la relación profesor-alumno, porque se produce una gran complicidad.

Tipos de práctica de yoga

La proliferación de esta técnica en todo el mundo ha desarrollado diferentes estilos de yoga. Uno de los más populares es el Iyengar, donde el énfasis recae en la intensidad con que la mente se implica en la práctica de las posturas o la respiración, y que permite el trabajo a personas con dificultades físicas. El Hatha, más centrado en el ejercicio físico, o el Bikram, que se practica en una sala a 40 grados centígrados, son otros dos estilos muy practicados.

En definitiva, el yoga en el aula permite atender a otras necesidades del entorno educativo que no se centran solo en el intelecto, como es el bienestar físico y emocional, para construir un ambiente propicio para el aprendizaje.