El despido es una parte natural de la vida laboral de un profesional. En multitud de ocasiones, producida al margen del desempeño del directivo.

En un primer momento el estado de shock es tal que parece que la fase más dura del proceso, es la de la notificación del despido. Sin embargo, lamentablemente, no es más que el comienzo de una nueva y generalmente desconocida situación para el directivo. Aún quedan por vivir momentos de enorme frustración ante la falta de respuesta tras enviar un CV, realizar una entrevista de trabajo, analizar nuestra carrera profesional (es decir sopesar lo que hemos hecho y debiéramos haber hecho) y aún más, cuando caemos en compararnos con conocidos que están buscando empleo o intentamos explicarlo en nuestro entorno más próximo.

El problema radica en que al encontrarse ante esta nueva situación, la de desempleo, el directivo puede llegar a sentir una pérdida total de identidad, de status, tanto profesional como personal. Muy frecuentemente, le invade un sentimiento de que «ya no vale nada» porque no dispone de una tarjeta de visita para presentarse, a pesar de haber sido un profesional muy valorado y reconocido hasta ese momento.

No debemos olvidar la premisa de que la búsqueda de trabajo es un trabajo en sí mismo. Por lo tanto, requiere la misma disciplina, responsabilidad y dedicación que cualquier puesto directivo.

Aspectos relevantes para enfrentarnos a esta nueva situación:

– En primer lugar, asumir y asimilar la pérdida.

– Asegurar que podemos hacer frente a nuestras necesidades económicas diarias, para ello, deberemos hacer cuentas. Es importante ser realista.

– Planificar el día a día; es imprescindible establecer un horario, una disciplina, objetivos a corto, medio y largo y garantizar que trabajamos nuestra «network» y la vamos engrosando en el día a día

– No olvidar que la búsqueda de un proyecto profesional que nos satisfaga, lleva su tiempo. En la actualidad, un plazo de tiempo realista oscila entre 6 y 18 meses en función de la empleabilidad del directivo y la posición a la que aspiremos. No olvidemos que la pirámide se estrecha en la cúspide y que hoy, el número de ofertas, dada la coyuntura económica de mercado es menor.

– Asimismo, debemos estar abiertos a reducir nuestras expectativas económicas si el proyecto lo merece. Y en cualquier caso, mostrarnos abiertos a sistemas retributivos, creativos. Es decir, esquemas de remuneración, diferentes a los que estábamos habituados, lo que se traduce en un mayor componente del mismo a éxito.

– Una vez vencido este paso, resulta clave cómo comunicarlo a nuestro entorno. Debemos construir un mensaje positivo al explicar la salida. No es el fin del mundo sino el final de una etapa y el inicio de otra nueva.

– Debemos mostrar una actitud de positivismo y dinamismo en nuestro entorno (entrevistadores, referenciantes, head hunters, antiguos compañeros, familia, amigos….)

– Tenemos que diseñar y ejecutar un plan de acción de búsqueda, realista y trabajar de forma continuada y tenaz en él. Qué es lo que se hacer, qué quiero hacer y qué requiere el mercado son los factores clave.

No existen recetas mágicas pero lo que es cierto es que la empleabilidad del directivo es clave para facilitar la búsqueda de un nuevo proyecto. Asimismo, cuanto mayor flexibilidad ofrezca el directivo en lo que a movilidad geográfica, funcional y retributiva se refiere, más fácil será la vuelta.

Entretanto, el directivo ha de seguir formándose y manteniéndose lo más próximo a negocio posible. Para ello, en la medida en la que sea posible, las colaboraciones profesionales a tiempo parcial son el mejor de los esquemas hasta encontrar un proyecto que cumpla con sus expectativas.

Por Aintzane Aroca
Socia de
Zavala Gortari