Juanma López Iturriaga, comunicador.

Quería ser guitarrista de rock, pero el baloncesto se cruzó en su vida –mejor dicho, le cruzaron el baloncesto en su vida– para convertirle en uno de los jugadores españoles más populares de los ochenta. Después, llegaría el turno de los medios de comunicación, donde Juanma López Iturriaga (Bilbao, 1959) ha probado con éxito tanto en la televisión como en su ya larga experiencia como periodista deportivo. Genio y figura que se han volcado en su libro de recuerdos «Antes de que seme olvide» (Ed. Turpial), donde se entrecruzan los éxitos –Copas de Europa, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles…– y disgustos deportivos, con los sucedidos y sucesos de su biografía personal.

¿Cómo dio el paso hacia la canasta ?
Como muchos niños de los setenta en Bilbao, solo pensábamos en el fútbol y, yo en concreto, soñaba con marcar golazos en San Mamés como delantero centro. Hasta que un día apareció un señor llamado Michel Ureta que iba a  ser decisivo en mi vida y consiguió que emplease mi 1’80 para jugar al baloncesto. [En el libro, Juanma recuerda cómo le dijo «Tú eres muy alto para andar haciendo el tonto por ahí. Te espero después del colegio.Trae ropa de deporte»].

¿Cuál fue su primer sueldo?
 El Loyola Indautxu, la selección de minibasket… y así, en muy poco tiempo, al Real Madrid –y eso que pensaba que iba a acabar en el Barcelona–. Con 17 años ya me pagaban 16.000 pesetas al mes de la época, unas 200.000 al año. La cosa estaba clara: me iba a ganar la vida como jugador de baloncesto. Además, el club ayudaba con los estudios y yo estaba con la carrera de Industriales –su padre era ingeniero industrial–. Me quedaron solo unas asignaturas, pero, en realidad, sabía que no iba a practicar la profesión.

¿Y cuándo decidió «tirarse a la piscina» como columnista deportivo y como presentador de televisión?
En marzo del 85 publiqué mi primer artículo en El País, y así hasta ahora, ya que a ese artículo se sumaron otras entregas diarias durante el Campeonato del Mundo de 1986. Siempre me ha gustado escribir, y ahora estoy disfrutando con mi «blog del palomero», y con Twitter, Facebook… donde mantengo una comunicación directa con los seguidores. En cuanto a la televisión, a los tres meses de mi retirada, llegó una oferta de Telemadrid gracias a José Joaquín Brotons para presentar «Al contraataque», un programa dedicado al baloncesto con información, un tono irónico, partidos en directo de la LigaACB… Fue toda una experiencia.

La verdad es que entró con buen pie enla «tele», ya que ha estado en programas con buena aceptación, y en el mundo editorial.
No me puedo quejar, ya que en Telemadrid estuve en «El friqui», donde se repasaba la liga de fútbol, y en Euskal Telebista, con «El rompecabezotas», que fue un programa muy popular, más «Inocente, inocente», la primera edición de «Supervivientes» –que coincidió con el «boom» de «Gran Hermano»–, los partidos en La Sexta… Y cuando me ha tocado escribir, pues conseguí el premio Papagayo de literatura de humor con el libro «Con chándal y a lo loco. Manual de superviviencia para deportistas de fin de semana». Ahora, «Antes de que me olvide» ha supuesto todo un ejercicio terapéutico.

Para rizar el rizo, desde hace más de una década está dedicado a dar conferencias y charlas sobre motivación, liderazgo…
No me extraña que a mis hijos les pregunten en el colegio «oye… ¿y tu padre en qué trabaja?». Trabajo en Maketeam, una empresa que aprovecha todo lo  que puede hacer bueno a un deportista para aplicarlo a cualquier profesional o equipo de profesionales. Desde su creación, ha aprovechado la experiencia de Corbalán,Valdano, Zubizarreta, etc. –como escribe en el libro, «quizá no la mejor gente para irte de marcha, pero sí para trabajar»–, y yo me subí al carro con una charla-conferencia titulada «De lo individual a lo colectivo a través de una comunicación eficaz».

Ya que le tengo a mano, ¿que nos recomienda para capear el temporal que tenemos encima?
Que no se descuiden la formación, la capacidad de liderazgo, la motivación y, sobre todo, evitar el miedo al cambio y fomentar nuestra capacidad para adaptarnos a todo tipo de situaciones. Estos últimos años lo hemos podido comprobar en «gestores de voluntades», como se dice ahora, como Vicente del Bosque en fútbol o Pepu Hernández en baloncesto. Hay que encontrar un estilo, perfeccionarlo en lo posible, apostar a fondo por él, favorecer el trabajo en equipo sin que haya jerarquías que valgan entre compañeros.