Uno sabe cuándo entra a trabajar, pero no cuándo termina. ¿Exagerado? La cultura del «calentamiento de la silla» todavía opera en España y, en ocasiones, son los propios compañeros quienes miran mal al que «ose» marcharse del trabajo a su hora. Por suerte, esto está cambiando. A paso lento, pero algo se mueve en el entramado empresarial. «Seguimos bajo la cultura del presentismo y ya es hora de cambiarla por la de la eficiencia y, si es posible, buscar la excelencia», reivindica Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y su Normalización con los demás países de la UE (ARHOE).

Pero, ¿es posible hablar de conciliación con unas jornadas interminables, reuniones a deshora y cabos sueltos que se resuelven en tiempo de ocio? Difícil empresa, sobre todo si uno se detiene a pensar que aún hay quien entiende conciliar como ayudar -en lugar de compartir responsabilidades- o quien cree que esto sólo afecta a los padres. Por eso es necesario acometer algunos cambios improrrogables. El primer paso es contar con una legislación que ayude a acabar con la cultura, no reconocida, pero practicada, de «vivir para trabajar». Un intento lo constituyó el Plan Concilia de 2005, con el que se instauró el teletrabajo y la flexibilidad laboral en las administraciones públicas. Pero, ¿qué fue de ese documento? «Desde la Comisión hicimos un seguimiento de todos los ministerios y comprobamos un incumplimiento casi total, pero no se trata sólo de hacer planes, son medidas que tendrían que ser exigencias porque afectan a todos los ciudadanos, especialmente a las mujeres y a los niños», lamenta Buqueras. Y es que la Administración Pública tiene un papel fundamental, ya que ha de establecer las reglas del juego en un entorno social que no para de cambiar. Hace unos años se hablaba de la Generación Y para referirse a los jóvenes que, entre otros rasgos, daban prioridad a su tiempo libre frente al salario, a su vida frente a su trabajo.

Ahora, el concepto en boga es el de Conciliación 2.0, con el que se hace referencia a la necesidad de aunar formación, trabajo y tiempo de ocio, un combinado para el que los jóvenes cuentan con un aliado fundamental: las nuevas tecnologías. Pero, aquí también, un mal uso puede derivar en una suerte de rebelión tecnológica.

Tecnología conciliadora

Para muestra, un botón. El llamado «síndrome de la Blackberry», es decir, atender el correo electrónico mientras se habla con otra persona, olvidando dónde están sus ojos, está más extendido de lo que nos pensamos. Se trata de aprovechar la tecnología para organizar mejor el tiempo, no para pasar más tiempo pendientes de la tarea. En otras palabras, apostar por el trabajo por objetivos aprovechando las nuevas herramientas.

Más allá de conceptos o etiquetas, lo cierto es que cada vez se aprecia más el valor del tiempo del que disponemos, y no se trata sólo de un sesgo de edad. España, con 1.775 horas anuales, es el país europeo en el que más se trabaja, pero no sólo eso: en los últimos 60 años, los países más ricos de la Unión Eeuropea han reducido su jornada laboral un 25%, mientras que en España esa caída ha sido sólo del 13%, según datos del Institut National de la Stastistique et des Études Économiques (INSEE). Por si eso fuera poco, España sigue en la cola de productividad europea.

¿Qué hacer para cambiar esto? No se trata sólo de reducir la jornada laboral, sino de adaptarla con buen criterio a las condiciones de la empresa y de los trabajadores. Entre otras cosas, se trata de una reducción de la jornada, de horarios flexibles, de una jornada comprimida, de incrementar el teletrabajo, no extender las comidas durante dos horas, de una ampliación de los permisos de maternidad y paternidad, trabajo por turnos, eliminar el concepto de la «silla caliente» -nada de «este es mi sitio»-, facilitar las excedencias, comprimir la jornada en menos de cinco días semanales… En definitiva, aplicar la creatividad al servicio de la necesidad. Coherencia y sentido común.

Empresas flexibles

Las medidas que puede adoptar una empresa en cuestión de horarios pueden ser tantas y tan diversas como la propia firma sea capaz de idear. Sin embargo, se trata de adoptar una estrategia global, no sólo acciones aisladas.

¿Cuál es la empresa ideal? Seguramente sea imposible decantarse por una, pero la sociedad CVA organiza cada año el Premio Empresa Flexible, dentro de la Campaña Hacia el Equilibrio de la Vida Profesional y Personal, que localiza las mejores prácticas entre las empresas.

Aunque, según el último informe de CVA, todavía hay un 18,7% de empresas que no tiene ninguna flexibilidad en los horarios de entrada y salida, los datos poco a poco van mejorando. Las más flexibles son las compañías pequeñas, especialmente las del sector financiero, las de producción y distribución de electricidad, agua y gas y las relacionadas con los servicios empresariales.

En el otro lado de la balanza están la industria manufacturera, la hostelería, las sanitarias o sociales y las agrícolas y ganaderas.

Novatex, una compañía dedicada a la confección de prendas laborales, es una de esas empresas que se convierten en un modelo que muchas deberían imitar. Con una plantilla de 28 empleados, fue la compañía con los horarios más flexibles de 2009, con una puntuación de 68,5 sobre 100. Los empleados de esta pequeña empresa tienen jornada intensiva todo el año, distribuida en tres turnos en función de la tarea que desempeñe cada departamento.

En el día a día, los trabajadores de Novatex tienen flexibilidad para ausentarse por motivos personales y aquellos que desarrollan tareas administrativas tienen la oportunidad de acogerse al teletrabajo, una vez que la empresa les facilita un portátil y un teléfono móvil. Además, cada dos meses, la gerencia realiza reuniones en las que se evalúa la situación de la empresa y realiza un planning del trabajo. Son sólo algunas de las medidas que aplica la pyme más flexible hasta el momento, porque a finales de año se entrega el Premio Empresa Flexible 2010.