Sergi Arola, chef.

Llegar a ser uno de los cocineros más mediáticos y reconocidos del panorama español no es en absoluto tarea fácil, habida cuenta de los grandes genios que pueblan nuestros fogones. Una enorme porción de talento, varios litros de esfuerzo y una pizca de rebeldía han hecho que este barcelonés de cuarenta y dos años se haya convertido en uno de los más prestigiosos chefs de España. Actualmente regenta su propio restaurante, Sergi Arola Gastro, después de dirigir durante seis años la cocina de La Broche, el lugar en el que se dio a conocer y llegó a conseguir dos estrellas  de la Guía Michelin.

¿De dónde salieron las primeras pesetas que ganó Sergi Arola?

Mi familia era de clase media y, en los años 80, la cosa no estaba tan boyante como puede estarlo ahora para las clases medias. Eso significa que, desde pequeño, tenía que buscarme la vida si quería ganar algún dinerillo. Como muchos otros chavales de mi edad, íbamos por las casas recogiendo botellas usadas, revistas viejas y otras cosas para llevarlas al trapero. Éramos un grupo grande de chavales que nos organizábamos para ir por las casas del barrio, juntábamos todo lo que recogíamos y, después, repartíamos el dinero que nos daba el trapero. Después de eso, mi primer trabajo como tal consistió en repartir cestas de navidad para una pastelería.

¿Cuándo se pasó a los fogones?

Empecé a estudiar en la Escuela de Hostelería y Restauración de Barcelona y, para poder pagarme los estudios, me puse a trabajar de camarero en un restaurante del puerto de Barcelona llamado Mediterráneo. Servíamos arroces y cosas por el estilo. Después entré en otro, que era un  poquito mejor que el primero, llamado La Bodega. El caso es que, como siempre he tenido un carácter un poco complicado, no duré mucho. El jefe de cocina de este restaurante, que también era profesor en la Escuela de Hostelería en la que estudiaba, me dijo que yo tenía carácter de cocinero, no de camarero. El problema era que si un cliente se ponía tonto yo se lo decía sin arrugarme. Y así, claro, con ese carácter, no se puede trabajar en sala.

¿Hacia dónde encaminó sus pasos después?

Como cocinero, mi primer trabajo fue en un traiteur –local especializado en comidas preparadas– llamado Bernia por las tardes. De esa manera, podía seguir estudiando por las mañanas e ir a trabajar por las tardes. A partir de ahí, empecé a trabajar en distintos restaurantes, uno detrás de otro, hasta que fui a parar con Ferran Adrià en El Bulli, lo cual aporta bastante notoriedad.

Y, aparte de la notoriedad, a partir de ese momento empiezan a llegar los grandes cambios en su carrera, ¿no es así?

Sí. En 1996 gané el Campeonato de Cocina de Autor de Vitoria [él no lo dice, pero fue el primer cocinero no vasco en conseguir ganar este certamen, lo que le da aún más mérito]. Un año después, en el 97, decido dejar Barcelona y viajar a Madrid para abrir mi propio restaurante. En el año 2000 abríamos La Broche en los bajos del hotel Miguel Ángel de la capital. Y, seis años después, en 2006, doy el gran salto y decido abrir mi propio restaurante, Sergi Arola Gastro.

¿Y qué tal funciona?

La verdad es que, para los tiempos que corren, no me puedo quejar.

¿Dónde está puesta su mirada ahora? ¿Qué proyectos tiene en mente?

De momento, con mis socios vamos a hacernos cargo de la Casa de América, vamos a gestionarla nosotros en esta nueva etapa. En el plano internacional también tengo varios proyectos. Hay uno de ellos que considero especialmente interesante y que me hace mucha ilusión, que consiste en una apertura en Santiago de Chile.