Jesús Rodríguez, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales.

No deja de ser curioso que en un país en el que el principal problema es el paro, y así lo percibe la mayor parte de la población, se hable tan poco de la industria. Y, sin embargo, una de las cuestiones que más contribuyen a nuestros actuales problemas es la progresiva destrucción de tejido industrial que España ha experimentado desde hace ya largo tiempo, acelerada en los últimos años como consecuencia de la crisis, bajo la indiferente mirada de los poderes públicos. Se hablaba con entusiasmo digno de mejor causa de la sociedad de servicios, ignorando que toda sociedad de servicios en un país moderno y avanzado está apoyada en un potente sustrato industrial.

No obstante, España es, todavía, un país de economía moderna y diversificada, con una base industrial muy  importante, que está demostrando su vitalidad en estos difíciles momentos en su proyección exterior y en el respeto conquistado en el mercado internacional. Merecería la pena no ponerla en peligro. Tenemos unos  niveles de ingeniería elevados y competitivos, una mano de obra preparada, y una experiencia acumulada sólida. Y es uno de nuestros principales activos. No ha salido de la nada, sino del esfuerzo, no siempre valorado en el entorno nacional, de mucha gente, empresarios, ingenieros, obreros, a lo largo de los años.

El empleo industrial es, con mucha diferencia, el más sólido, el de más calidad en una economía evolucionada. Por su cualificación, en los diversos niveles; por su menor temporalidad con respecto a otros sectores; por su mayor productividad. Generando y manteniendo empleo industrial se contribuye a la solidez de la situación laboral del país. Pero para mantener y generar empleo industrial, es decir, empleo de calidad, hay que defender la industria, con esfuerzo y dedicación. Reclamamos, por tanto, una política industrial digna de ese nombre, que genere un clima económico y social propicio a la emergencia y desarrollo de actividades industriales. Una reindustrialización, que sería motor de empleo.

El tejido productivo español presenta problemas, sin duda. Predominio de sectores tradicionales y no intensivos en tecnología, dimensión de las empresas, insuficiencias tecnológicas, falta de un marco propicio a la emprendeduría, últimamente, estrangulamiento del crédito, coste de la energía, etc. Y otra cuestión no menos importante: la formación, entendiendo que la formación es un factor clave para la competitividad y la innovación. El prestigio internacional de los ingenieros españoles es una buena muestra de ello.