La crisis ha cambiado el mundo de las finanzas y la forma de «hacer» economía. El panorama es cambiante y los nuevos profesionales tienen que estar preparados para tomar decisiones rápidas. Y esto, por supuesto,  también ha traído cambios en los programas formativos sobre finanzas. «No podemos olvidar que trabajamos, interactuamos y nos desarrollamos en un entorno complejo, cambiante, cargado de dinamismo y de desafíos. No resulta aventurado afirmar que la incertidumbre y la capacidad de adaptación de los profesionales al nuevo ‘ecosistema económico y empresarial’ son algunos de los factores que caracterizan, de manera  principal, el actual entorno competitivo», asegura Luis Díaz Marcos, Director de Postgrado de CUNEF.

Antes el enfoque interno de la empresa –según Juan Pérez-Carballo, director del Máster de Dirección Financiera de la escuela de negocios ESIC – giraba en torno a la contabilidad, la tesorería de cobros y pagos y los impuestos.  Ahora «se ha pasado a dar más protagonismo a los sistemas de gestión integral de los procesos, la gestión de los riesgos, las operaciones internacionales y al seguimiento de los mercados monetarios, de capitales y de divisas. La actual crisis económica ha confirmado lo adecuado de profundizar en estas tendencias», explica Pérez-Carballo.

En este ecosistema económico, ¿cómo han cambiado los programas de formación financiera? Según algunos expertos, han ganado en especialización y en valor estratégico. «Hoy los programas más demandados son aquellos que profundizan en un área o contenido específico, como es la gestión de riesgos –como el curso para la Gestión de Riesgos Financieros– o bien dan una visión estratégica de toda la organización, como el Executive Master en Dirección Estratégica en Finanzas-», dicen desde CEU.

Ignacio de la Torre, director de los Masters in Finance de IE Business School, también cree que los programas han ganado en especialización, pero, además, destaca que «la financiación bancaria será cada vez más difícil hacia un amplio espectro del tejido empresarial, por lo tanto la financiación vía mercados –bonos, acciones– reemplazará en gran parte a la financiación vía bancos. Es un movimiento tectónico que puede generar grandes oportunidades pero que requiere de formación específica».

Miguel Valiente, director general de la escuela de negocios CESMA , cree que, en lo esencial, no habido cambios sustanciales en las cuestiones de fondo y estructura de los programas, pero sí ha cambiado la tendencia en las preferencias de enfoque. «Creemos que, cada vez más, empresas y profesionales prefieren programas formativos de visión integral, es decir, que relacionen las finanzas con las estrategias de negocio y políticas operativas. Cada vez el alumno demanda un enfoque más práctico, basado en casos y simulaciones financieras», explica Valiente.

La experiencia

También ha cambiado la demanda de programas de formación financiera entre los nuevos profesionales y los experimentados. Los primeros, dicen desde la escuela de negocios IEB , demandan programas internacionales y generalistas, «donde el abanico de conocimiento es mayor y abre más vías para la rápida incorporación en el sector financiero». ¿Y entre los  veteranos? «La demanda se enfoca principalmente en aquellos programas especializados, donde encuentran la profundidad de preparación necesaria para asumir mayores responsabilidades en sus ocupaciones laborales»,  dicen desde la escuela de negocios IEB.

«Más que cambios en los contenidos, lo que se está produciendo es un cambio en la estrategia y en los planteamientos metodológicos. En este sentido, las certificaciones  internacionales siguen ganando terreno a los Master de Finanzas y de Banca y Mercados Financieros», afirma Jesús López Zaballos, director gerente de  la Escuela de Formación del IEAF-FEF, que ofrece, además, una mirada al horizonte: «El futuro pasa por la realización de ‘crash courses’ sobre los temas más técnicos, con una mayor aportación de autoestudio por parte del alumno, y por la realización de seminarios internacionales -en inglés-”.

Hasta ahora, los expertos han hablado sobre los estudios, pero, ¿qué piden las empresas a los nuevos profesionales de las finanzas? Por ejemplo, facilidad para las relaciones públicas. «Las empresas demandan  profesionales con perspectiva y capacidad para asesorar a la dirección, pero también se observa un creciente interés por las habilidades de interrelación con personas y empatía. Por otra parte, y en el contexto actual, apreciamos un creciente interés por los programas de control de gestión y, en particular, con la problemática de control de presupuestos y costes, así como todo lo relacionado con la planificación financiera y la tesorería», asegura Valiente.

Ignacio de la Torre señala un perfil analítico, facilidad de reducir a números cualquier expresión, capacidad comercial, de realizar presentaciones eficaces sobre una base financiera sólida y dominio de la valoración de empresas y de la gestión de riesgos.  «El profesional ha de estar preparado para afrontar el día a día de las finanzas corporativas y operativas, abordar el cambio de la cultura del cumplimiento a la eficiencia en el rendimiento, ser capaz de formar parte de un equipo y conocer e integrar cada una de las áreas operativas que conforman la organización. Además, debe desarrollar sus propias habilidades, atraer y retener talento, puesto que en un futuro muy probable habrá de asumir mayores responsabilidades hacia la dirección general», añaden, por su parte, en CEU.

Pero también caben nuevos valores financieros. «Las empresas precisan, ahora más que nunca, profesionales altamente comprometidos con la generación de negocio ‘sostenible’. Esto es, fundamentado en valores económicos y valores éticos, 100% implicado con las mejores prácticas de desempeño corporativo, con la generación de valor útil y finalmente comprometidos con las demandas de los ‘stakeholders’ y de la sociedad en general», dice Luis Díaz Marcos, Director de Postgrado de CUNEF.

Y en un entorno tan complejo, también se pide a los nuevos profesionales financieros, mesura, «que tengan convicciones y criterios para evitar dejarse contagiar por las modas y los excesos del mercado», añade Pérez-Carballo. Y, como colofón, se le pide una formación pluridisciplinar. «El trabajo en equipo, la toma de decisiones, la visión global de los problemas, la comunicación, etc. van a ser parte del día a día de cada uno de los empleados. Y un producto o servicio excelente desde el punto de vista técnico debe ser también comunicado y trasladado con éxito para que vea la luz», opinan desde IEB.