“Ocho horas para trabajar, ocho para el sueño y ocho para la casa”. Esta división del tiempo en los días laborables, que se asume como lo normal, es el resultado de las luchas del movimiento obrero por establecer una jornada laboral que permitiera trabajar pudiendo disfrutar del descanso y de tiempo de ocio.

La larga lucha de los trabajadores por las ocho horas

La reivindicación de la jornada laboral de ocho horas dio comienzo en el primer cuarto de siglo XIX en Estados Unidos. Las organizaciones sindicales de la época sumaron fuerzas con esta sola reivindicación. Las jornadas eran de hasta 18 horas y la demanda de una disminución de las horas consiguió muchos apoyos. Finalmente las protestas llevaron al presidente Andrew Johnson  a promulgar la llamada Ley Ingersoll en 1868, en la que se fijaba en ocho horas la jornada laboral.

Pero el reiterado incumplimiento de esta ley hizo que se convocara una huelga. Se exigía que a partir del primero de mayo del año 1886 se cumpliera con la jornada establecida bajo la amenaza de una huelga indefinida. En muchos casos este ultimatum consiguió que se hiciera valer la ley, pero en la ciudad de Chicago las cosas tomaron peor cariz. Se produjeron altercados entre huelguistas, esquiroles y policía. La tensión que se acumuló durante los primeros cuatro días de mayo produjo numerosos disturbios con el resultado de varios muertos. La muerte de un policía causada por un explosivo en una concentración en una plaza de la ciudad, Haymarket, provocó el disparo indiscriminado sobre los huelguistas por parte de la policía lo que ocasionó varias muertos. Las represalias por la muerte del policía llevaron a prisión a algunos huelguistas y a la horca a cinco de ellos. Se convirtieron en los Mártires de Chicago en reconocimiento a la dureza con la que se reprimieron estos disturbios.

Día de homenaje al movimiento obrero

Durante la celebración de la II Internacional, que reunió a los partidos socialistas y laboristas del mundo en París en 1980, se propone señalar el Primero de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores en homenaje a los Mártires de Chicago.

Durante todo el siglo XX se lucha por establecer este día conmemorativo en todo el mundo y la consideración de día no laborable a la vez que se continúa con la reivindicación de la jornada laboral de ocho horas.

El Primero de Mayo no se celebra en Estados Unidos

Curiosamente el día que homenajea el trabajo en EEUU no es el primero de mayo. Queriendo evitar que en EEUU tomara fuerza el movimiento comunista, se prefirió dedicar una fecha distinta y tan significativa como esta que la desvinculara de los partidos pertenecientes al bloque soviético durante la Guerra Fría. El Labour Day es el día que se dedica en EEUU a los trabajadores y de celebra el primer lunes de septiembre.

España fue pionera en establecer esta jornada en 1919. La celebración del Primero de Mayo tiene lugar en 1890 por primera vez, por lo que el pasado 2015 se celebró el  125 aniversario. Francia la aprobó unos meses más tarde y además el país galo fue el primero en fijar el Primero de Mayo como festivo.

Para el movimiento obrero es una fecha clave que resume las luchas y el logro de unas condiciones laborales dignas.

Actualmente en España está establecida por ley mediante el Estatuto de los Trabajadores que la jornada máxima legal no pueda superar las cuarenta horas semanales en el cómputo anual.  Los convenios colectivos serán los que definirán cuántas podrán ser las horas diarias como máximo. De forma general no podrán ser más de nueve.

En los países de nuestro entorno las horas que se trabajan semanalmente oscilan desde las 35 horas en Alemania o Francia, esta última el mínimo establecido por ley, o el Reino Unido entre 37 y 40. Las horas semanales en Estados Unidos son de media 47. Suecia ha realizado un experimento recientemente al reducir la jornada a seis horas diarias en algunos trabajadores públicos para estudiar el impacto de la implantación tanto en la economía como en la felicidad de los trabajadores.