Es cierto que de los errores se aprende, pero en materia de empleo hay algunos fallos que pueden ser terribles, y tal y como están las cosas mejor hacer un repaso para no caer en ninguno de estos fatales errores que pueden acabar hasta con la carrera más prometedora.

Aquí os dejo una recopilación de los más «peligrosos» que encontré en Consumer Eroski y que me parece muy interesante tener presente:

El exceso de perfeccionismo: lo que se considera una virtud en algunos aspectos, puede traer más de un problema en el ámbito laboral si no se controla. Cuando el trabajador es demasiado fanático de las normas, puede que su ritmo de trabajo sea lento y no cumpla con los tiempos de entrega, además este exceso de perfeccionismo provoca que no se aprecie la libertad en el trabajo y que, por miedo a cometer errores, se genere un cuello de botella en el ritmo de trabajo.

– Hablar más de la cuenta: la prudencia, la formalidad y el respeto a las personas son virtudes fundamentales en cualquier empresa. Las personas a las que les encanta el cotilleo en los pasillos, propagar rumores o criticar a sus compañeros, y que lo único que buscan es su beneficio propio terminan siendo descubiertas y rechazadas por compañeros y empresas.

– La excesiva sumisión: las empresas modernas buscan contratar a empleados creativos, innovadores y con iniciativa. Personas que, si no están de acuerdo con las opiniones y directrices de sus superiores, sean capaces de cuestionarlas y plantear críticas constructivas.

– La falta de eficacia: en las organizaciones de gran tamaño las tareas y responsabilidades a veces se diluyen, y es aquí donde surge la figura del vago. Personas que no se centran en su trabajo, lo que trae problemas con el resto de compañeros que al final son los que tienen que hacer el trabajo que le correspondería a él.  

– Desmotivación no disimulada: aunque en algunos momentos no se esté a gusto con el empleo o la empresa hay que cuidar siempre la actitud porque la falta de motivación no pasa desapercibida. Los empleados desmotivados se convierten en quisquillosos y amargados, y se quejan ante el más mínimo contratiempo. Todo ello les convierte en los principales candidatos a la hora de posibles despidos.

– La ambición sin límites: el exceso de protagonismo, querer acumular todos los méritos del equipo y pretender escalar posiciones en la empresa a costa de los demás son actitudes que pronto harán que tanto superiores como compañeros, vean como un «trepa» a este trabajador. Las personas que actúan de esta manera suelen encontrarse con el tiempo aislados y sin ningún apoyo dentro de la organización.

– El trabajador individualista: sus principales pautas de comportamiento son mostrarse seguros de sí mismos, hacer las cosas a su manera y expresarse de forma libre y desinhibida, ser muy críticos, desafiar continuamente la autoridad y trabajar mal en equipo. Aunque se trata de un perfil de trabajadores que también acostumbran a poseer muy buenas virtudes (les gustan los retos, son inteligentes, sinceros y muy exigentes consigo mismos), lo cierto es que no encajan muy bien en los grupos de trabajo, algo que muchas veces es un obstáculo insalvable para que su carrera profesional tenga un desarrollo positivo.

– Hoy no voy a trabajar y mañana tampoco: hay empleados especialmente hábiles a la hora de buscar excusas para no ir a trabajar. Quien practica el absentismo reiterado puede pensar que con ello obtiene una ventaja pero en el fondo se está cavando su tumba profesional; hay empresas que incluso han recurrido a los servicios de detectives privados para acumular pruebas que justifiquen el despido del empleado.