Escudero.IgnacioPerez

Manuel Escudero ha cerrado su residencia en Nueva York para poner en práctica en su tierra, el País Vasco, todos esos cambios que las voces más críticas del propio sector —Harvard, Stanford o Yale— recomiendan acometer en las escuelas de negocios. Como nuevo director de una escuela joven y nacida en plena crisis, justo cuando el sistema de enseñanza a ejecutivos empezaba a cuestionarse, Escudero tiene ante sí un reto de altura: convertir a la Deusto Business School en un modelo de las nuevas tendencias de formación empresarial. Él, más que abrumado, se siente entusiasmado con su tarea, que le permitirá desarrollar todo aquello que predica como asesor especial de Naciones Unidas, director del Secretariado de los Principios para una Educación Responsable en Gestión y director del Centro de Investigación para el Pacto Mundial.

¿Hay que acometer cambios urgentes en las escuelas?

Yo soy un partidario decidido de los cambios, aunque no creo que tengan que ser urgentes, sino estar bien pensados. Pero, sin duda, en mi opinión hay que reinventar el MBA. Hubo una primera revisión de lo que era la educación directiva en el año 1959 y, desde entonces hasta ahora, ha cambiado mucho el horizonte de los negocios. Estamos en un mundo nuevo. Y en un mundo nuevo se necesita una nueva versión de lo que es el ‘management’. La crisis ha acentuado, ha puesto una nota de urgencia a esa necesidad.

‘Reinventar’ es un concepto muy amplio. ¿A qué se refiere, exactamente, a los planes de estudios, el sistema de admisión de alumnos…?

Creo que los directivos que salgan de las escuelas tienen que ser gente con habilidad y mente crítica. No podemos seguir generando clones que, en realidad, no tienen una respuesta rápida en un entorno cada día más incierto. Enseñar pensamiento crítico es fundamental. Hay que crear una nueva generación de líderes que sean auténticamente innovadores. Lo que quiero, realmente, es educar el talento. A diferencia de hace 20 años, la empresa es más poderosa en muchos momentos que los estados-nación, y eso significa que existe una gran responsabilidad en ser directivo o empresario. En este sentido, educar sobre el talento es necesario para que los mejores puedan ocupar esas posiciones en el futuro. Y eso no es ser elitista, porque mi sueño es ver cómo accede a las escuelas de negocios gente con talento, tenga o no el dinero.

¿Y cómo se traducirán estos buenos propósitos en clase?

Primero, en un proceso de adaptación de las disciplinas más tradicionales. Ya no cabe enseñar finanzas como hace 20 años ni estrategia como hace 10. Entonces, el ‘manager’ ideal estaba volcado en revalorizar las acciones en el mercado a muy corto plazo. Hoy hemos visto que esto ha llevado a excesos indudables, y muchos pensamos que el ‘manager’ debe ser como un director de orquesta para todos los ‘stakeholders’. Pero, además, deben introducirse nuevas materias, porque un directivo de hoy tiene que saber cuál es la agenda global y qué problemas tenemos. Junto a esto, también hay que abordar los métodos de aprendizaje. Por ejemplo, habría que repensar el método del caso, y añadirle un tipo de enseñanza más ‘experiencial’.