Hace cinco años yo era periodista en una agencia de comunicación. Trabajaba un montón de horas por un sueldo bajo tirando a ridículo, con mucha presión y poco tiempo libre para dedicarlo a mi vida personal. ¡Vamos, lo normal en esta profesión!

Luego llegó la crisis, la agencia cerró y todos fuimos a la calle. A mí me pilló en un momento personal malo (o bueno, según se mire), porque estaba embarazada de cinco meses de mi primer hijo.

Cuando Candela nació estaba demasiado ocupada cambiando pañales para pensar en mi futuro laboral, pero en el momento que empezó a ir al colegio todo cambió. Empecé a plantearme la vuelta “a la lucha”. Pero la cosa seguía igual de mal, y a mí cada vez me apetecía menos volver a ese ritmo de vida que implicaba estar fuera de casa casi todo el día aceptando órdenes (me apeteciera o no). Pero, sobre todo, odiaba tener que despedirme de la idea de poder llevar y recoger a mi hija del colegio todos los días, de poder pasar tiempo con mi pequeña familia…

No lo he contado antes, pero mi marido es autónomo. Lleva una pequeña empresa dedicada al diseño de interiores. Realmente son cuatro amigos que un día decidieron establecerse por su cuenta. No se han hecho ricos…. pero hasta ahora sobreviven bien. Mi marido fue el que más me animó a montar mi propio negocio.

Como no recibía ofertas de empleo, alquilé una tienda pequeñita y comencé a vender artículos para niños (ropa, juguetes, objetos de decoración para habitaciones infantiles y esas cosas…). No es mucho, pero poco a poco voy consiguiendo fidelizar a varias clientas del barrio, y como por el momento no tengo empleados pues tampoco tengo muchos gastos…

El local está cerca de mi casa y me permite llevar a mi hija al colegio y comer con ella y con mi marido todos los días. Vamos, que me permite seguir viendo a mi familia.

No todo es bonito, claro. Tengo (como todos) facturas que pagar, una casa hipotecada, y me preocupa mucho no conseguir los clientes suficientes para poder sobrevivir con este negocio. Pero, al menos, la opción del autoempleo me está permitiendo llevar una vida más cercana a lo que siempre he querido. Sin grandes lujos, pero también sin tener que vivir “por y para el trabajo”, realizando una actividad que me gusta y con el suficiente tiempo libre para disfrutar de los míos.

Por eso, me gustaría lanzar un mensaje en positivo para todos los que estén pensando en ello. Nada es fácil, y menos en estos tiempos, pero merece la pena esforzarse por encontrar una forma mejor de vivir.

Texto: Carmen Carrillo / Empresaria