Pastora Vega

Pastora Vega, actriz

Confiesa que llegó al mundo de la interpretación por puro azar, pero pronto se dio cuenta de que había nacido para estar delante de una cámara. Pastora Vega (Huelva, 1960) ha tocado todos los palos –teatro, cine y televisión– y en todos asegura sentirse a gusto. Actualmente podemos verla sobre las tablas en la obra de teatro «Una relación pornográfica».

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?

Cuidar niños. De canguro, con amigos. Después trabajé de presentadora de televisión directamente.

¿Cómo llegó a ese medio?

Yo cuidaba a los niños de un periodista de televisión, Pedro González, y a través de él accedí a un casting. En ese momento estaba estudiando Derecho y para nada quería dedicarme a eso, pero iba a ir otra persona a hacer el casting y me dijo «acompáñame, que me da vergüenza». Me lo tomé como un juego, hice el casting sin ninguna expectativa y me eligieron. Ahí empezó la historia.

¿Cuánto tiempo permaneció en ese trabajo?

Presentando ese programa, que se llamaba «Hoy por Hoy», estuve un año. Después me picó el gusanillo, empecé a meterme un poco en ese mundo y estuve otro año en la radio. Después volví con el mismo equipo a hacer otro programa y, a partir de ahí, me empezaron a llamar para papeles de actriz. Entonces empecé a coquetear con la interpretación, a prepararme y a estudiar.

¿Recuerda cuánto le pagaron?

No me acuerdo. Estamos hablando de hace 30 años. Yo empecé toda esta aventura con 20. Hacía un programa grabado de media hora a la semana. Primero fui la presentadora en solitario y después el director, Ignacio Salas, presentaba conmigo y nos convertimos en pareja televisiva. ¿Qué podía ganar al mes?, ¿ochenta mil, cien mil pesetas de la época…? ¿Cuánto es ahora en euros?

¿ Y qué aprendió en ese empleo?

Mucho. Me enseñaron a darme cuenta de que delante de una cámara estaba como en casa, que había algo entre la cámara y yo. Luego comprobé que también me pasaba con otros tipos de cámaras, como las de cine. Descubrí por azar que era capaz de estar delante de una cámara contando cosas al público.

¿A quiénes consideraría sus maestros?

A mí me han enseñado constantemente cosas mis compañeros de trabajo, que han sido muchos y muy interesantes. Me siguen enseñando Juan Ribó [su compañero de reparto en «Una relación pornográfica»], mirar películas de los grandes maestros… La fuente de aprendizaje de un actor es la vida completa, no solamente un maestro concreto o una interpretación maravillosa de una actriz que yo admire, que hay muchas, y actores también. Pero maestros he tenido varios: Cristina Rota, he hecho diferentes cursos con Dina Roth, con Concha Doñaque… Siempre quieres aprender, no soy una autodidacta en ese sentido, y de todos he aprendido.

¿Cómo ha cambiado la televisión desde que usted empezó?

Sólo había dos canales, la 1 y la 2, y pare usted de contar. No se emitía de noche, sólo hasta cierta hora. A partir de ahí estaba lo que se llamaba la carta de ajuste (ríe) y una musiquita… y ya está. El cambio ha sido radical. Hay una variedad de oferta increíble, por lo tanto mayor competencia, mayor calidad, más de todo. En este país, en treinta años, ha sido como pasar de la noche al día.

Mirando atrás, considerando su carrera, ¿con qué se quedaría?

No sé… Han sido muchas cosas. Mi carrera ha sido muy Guadiana. Cuando he tenido a mis hijos me he permitido pasar un tiempo sin trabajar. No he tenido una carrera apabullante, pero ha sido interesante y lo suficientemente constante como para hacer muchas cosas. He tenido momentos mágicos, por ejemplo, gracias a una película en Uruguay, en Italia, en Perú… He hecho «tv movies» o películas, que no se han visto en España, que no sólo han sido para mí una experiencia importante como actriz, sino que me han permitido conocer a gente increíble. Hay giras de teatro o rodajes internacionales que te llevan a experiencias personales tan potentes como la de ser actriz. Si tengo que destacar algo, fue muy importante la experiencia vivida con Imanol [Arias] en Argentina. Nos trasladamos allí ocho meses para hacer «Calígula» en teatro. Yo interpretaba a Cesonia. También me gustó mucho trabajar con Antonio Banderas en «Cuentos de Borges», el capítulo que dirigió Gerardo Vera…

¿Qué consejo le daría a un joven que quiera empezar una carrera como actor?

Que si realmente cree que quiere ser actor, que siente por dentro esa pulsión de actuar y que cuando lo hace, aunque sea en el salón de su casa, siente que ahí pasa algo especial, que pelee, que luche y que confíe. Yo creo que también es un acto de fe.