Reforzar su propia formación académica y desarrollar trabajos de investigación en el campo de la oncología molecular en un centro de máximo nivel internacional. Eso es lo que llevó a la investigadora María Blasco a cruzar el Atlántico en el año 1993, recién doctorada en Bioquímica y Biología Molecular. Allí recaló en el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York, dirigido por el Nobel de Medicina de 2009, Carol Greider. Cuatro años después, hacía el trayecto contrario «para poner en marcha mi propio equipo de investigación en el Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid».

Un viaje de ida y vuelta que permite a esta investigadora tener una opinión, basada en su experiencia vital, acerca de la tan traída y llevada fuga de cerebros. «En el campo de la investigación científica no se debe tener un enfoque localista. Para un investigador español, tener experiencia en un centro relevante en el extranjero es un elemento muy positivo para su carrera profesional».

Esta doctora asegura que, para un investigador español, tener parte de su etapa formativa en Estados Unidos es extremadamente importante. «Desarrolla el networking necesario y se da a conocer internacionalmente, algo que, después, será crucial para asegurar el éxito internacional de los grupos de investigación que se establezcan en España». Para conseguirlo, María Blasco considera de vital importancia para nuestro país «contar con centros excelentes que atraigan a los mejores talentos».

Mirando en el entorno geográficomás próximo, uno de ellos sería el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), institución de la que es directora desde este mismo año 2011. «Creo que tenemos que estar orgullosos de contar en el CNIO con algunos de los mejores investigadores en Oncología Molecular del mundo», observa Blasco.

Centro puntero

La existencia en España de un centro de las características del CNIO es prueba de que por estas latitudes se están empezando a consolidar espacios de excelencia, «aunque aquí aún no se ha conseguido el reconocimiento del que gozan los investigadores en otros grandes países de nuestro entorno. Siempre es sacrificado dedicarse a la ciencia y la investigación, y en nuestro país el apoyo social al investigador es bastante limitado», se queja Blasco.

Por otra parte, como accionista, junto a Fundación Botín y Matlin Associates –compañía de asesoramiento en el áreade finanzas corporativas– de la firma Life Length, María Blasco apuesta, claramente, por la transferencia de tecnología desde los centros de investigación a la sociedad «Life Length surge de la tecnología desarrollada por mi grupo de investigación de  Telómeros y Telomerasa del CNIO, para quien supone una fuente de posibles ingresos a través de royalties, algo muy importante para la sostenibilidad del centro. Estoy profundamente convencida de que la potenciación de la Transferencia de Tecnología desde los centros tecnológicos y de investigación ha de tener un papel crucial en nutrir con nuevas ideas al tejido de emprendedores de nuestro país, de tal manera que se pueda cambiar el modelo productivo a largo plazo».

El desarrollo de esta tecnología, algo totalmente novedoso «y en plena ronda de financiación para atraer inversores privados», supone hacer realidad la puesta en marcha del mejor indicador del proceso de envejecimiento existente en la actualidad.