Los sueldos no se adaptan a la crisis

«El crecimiento económico lento o negativo, junto con unos precios muy inestables, intensificarán, probablemente, las tensiones por los salarios y, así, el trabajo resultará más vulnerable a los conflictos de este tipo». La Organización Internacional del Trabajo (OIT) no se equivocaba al incluir este vaticinio en su ‘Informe mundial sobre salarios 2008/2009’, publicado el año pasado. ¿Cómo se pueden evitar las tensiones cuando un trabajador medio, con un sueldo también medio —algo menos de 19.000 euros anuales—, sabe que un director general, el suyo o el que sea, se embolsa 225.000 euros cada año? Las desigualdades salariales no son nada nuevo ni exclusivo de las épocas de crisis, pero, como advertían las predicciones de la OIT, en estos momentos levantan más polvareda que nunca. ¿Por qué, si no, BBVA congeló a principios de año el sueldo de su consejero delegado Francisco González (5,3 millones de euros) y del resto de la alta dirección o Ana Patricia Botín, presidenta de Banesto, redujo en un 2% sus honorarios? Por citar sólo algunos ejemplos patrios. 

Sin embargo, no es éste el único desequilibrio que reina a día de hoy en materia de salarios. Según demuestran dos de los grandes estudios sobre retribución que han sido presentados hace unos días, el elaborado por Mercer y el de Watson Wyatt, este año nuestros sueldos han experimentado un crecimiento real muy superior al de los pasados. Pese a que el incremento medio de las nóminas en 2009, un 2,7% según el Estudio General de Compensación Mercer, es inferior al de ejercicios anteriores (4,6% en 2007 y 5,1% en 2008), se considera que la subida real es mayor y alcanza el 3,5% si tenemos en cuenta que el IPC de agosto se situó en el -0,8%. 

Esta paradoja tiene que ver con que las cláusulas de revisión salarial contempladas en los convenios se sustentan sobre una previsión de inflación, es decir, el incremento que planean debe acompasar el nivel adquisitivo del trabajador con la subida de los precios. «En 2008 las empresas pensaban subir los sueldos un 4,9% pero comenzaron las vacas flacas y redujeron esa idea hasta el 2,7%, pensando que la inflación se situaría por esos niveles. Aún así, comienza el año y la inflación nos ha pillado con el paso cambiado», explica Rafael Barrilero, socio de la consultora Mercer. Este diferencial, de hecho, es «el más alto de los últimos 15 años». Para el empleado y sus representantes, estos datos no son negativos ya que representan un mayor poder adquisitivo y, en consecuencia, decía UGT unas semanas atrás, «un estímulo para el consumo». En opinión de Barrilero, por el contrario, «este desajuste resta competitividad a las empresas y tiene una trascendencia total en la economía general». 

Ajustarse a la realidad
La reacción de los empresarios no se está haciendo esperar. José Luis Cebrián, socio del despacho de abogados Garrigues y experto en negociación colectiva, apunta que «se está caminando por la línea de elaborar cláusulas de revisión que se ajusten de verdad a lo que está ocurriendo económicamente». En palabras del socio de Mercer «para que los sueldos se desliguen de la inflación hay que considerar la compañía una cuenta de ingresos y resultados, y a partir de ahí, planificar los salarios. Quizá interesa hacer un incremento cero para, intentar así, mantener todos los puestos». 

Precisamente esta es la actitud que, según el informe de Mercer, que analiza 250 puestos en un total de 260 empresas, ha tomado el 9% de las organizaciones, que decidió congelar las nóminas de sus plantillas como un medio para contener gastos. Más allá de la congelación han ido aquellas compañías que han optado por un expediente de regulación de empleo que suponga reducción de salario en vez de despidos. Sin embargo, advierte el abogado de Garrigues, «lo más habitual está siendo tomar esa reducción de sueldos como medida previa al ERE». 

Los efectos devastadores de la crisis no se quedan en los empleados de ese 9% de empresas que ha optado por la congelación, ni en los 325.456 trabajadores que hasta el pasado mes de junio —último dato registrado por el Ministerio de Trabajo— se han visto afectados por un expediente de regulación autorizado. Cebrián cree que la recesión también se está notando de forma particular en el día a día de millones de asalariados: «Por ejemplo, en el sector industrial, muchas personas han perdido complementos de puesto (horas extra, nocturnidad, turnos…). O los agentes comerciales de concesionarios o de inmobiliarias que van a golpe de comisión». 

Menos de 1.100 euros
Otro sector de población que mira cada mes con preocupación su cuenta corriente es el de los «mileuristas». Según los datos más recientes publicados por Gestha (Técnicos del Ministerio de Hacienda), más de 18 millones de españoles —incluyendo a trabajadores por cuenta ajena y propia, desempleados que perciben una prestación y pensionistas— perciben al mes menos de 1.100 euros brutos. Tampoco se encuentran en el saco de los que han subido su poder adquisitivo los cerca de 200.000 empleados que reciben el salario mínimo interprofesional, que se sitúa actualmente en 728 euros. 

Y de cara al año que viene, ¿qué nos espera? Desde Mercer auguran que los salarios suban un poco más que este año (un 2,8%), mientras que las predicciones del Estudio General de Remuneraciones de Watson Wyatt apuntan al 2,5%. Además, de acuerdo con el informe elaborado por Mercer, de cara al próximo año estos incrementos se prevén con mayor homogeneidad entre todos los niveles del organigrama, aunque, como suele suceder año tras año, los más elevados corresponderán a los directores de área y a los jefes y mandos. 

Entre el fijo, el variable y los beneficios
Cuando las arcas no dan para muchos excesos el empresario se encuentran ante la difícil situación de mantener contento a su empleado sin incrementar los ceros de su sueldo. Por tanto, si el salario fijo no puede subirse, surge con fuerza la retribución flexible, antes conocida como beneficios sociales. Coches de empresa, seguros de salud (el más adoptado), planes de jubilación o cheques de comida son los preferidos. 

Esta retribución, explica María Martín Hernández, directora de Capital Humano de Watson Wyatt, permite que el profesional sacrifique parte de su salario, de forma voluntaria y modificable, para obtener algunos de los mencionados beneficios. 

«Adicionalmente, suponen mejoras fiscales», añade. Rafael Barrilero, socio de Mercer, coincide con ella y señala: «No es un gran coste para la empresa pero sí que aporta más valor al empleado». Sin embargo, no hay que olvidar que los resultados económicos no dan para muchas florituras. En este sentido, José Luis Cebrián, del bufete Garrigues, recuerda que estas políticas existen pero se están reajustando. «Por ejemplo, se cambia el coche o los ordenadores cada cinco años en vez de cada cuatro…»