Si bien ser autónomo tiene muchas ventajas, también implica una serie de deberes fundamentales que tienen los profesionales de este régimen laboral. Parto primeramente de los deberes profesionales básicos, según como se recogen en el Estatuto del Trabajador Autónomo de 2007 y que son bastante genéricos:

1. Cumplir con las obligaciones derivadas de los contratos por ellos celebrados, a tenor de los mismos, y con las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, a los usos y a la ley.

2. Cumplir con las obligaciones en materia de seguridad y salud laborales.

3. Afiliarse, comunicar las altas y bajas en el régimen y cotizar a la Seguridad Social.

4. Cumplir con las obligaciones fiscales y tributarias establecidas legalmente.

5. Cumplir con las normas deontológicas a la profesión.

La situación se complica un poco cuando el trabajador autónomo desarrolla su actividad junto con trabajadores de otra empresa, o la realiza en el centro de trabajo del cliente. Entonces, se prevé la aplicación de los deberes de cooperación, información e instrucción previstos en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Artículo 24, puntos 1 y 2).

Además, las empresas que contraten los servicios de un trabajador autónomo para realizar trabajos de la propia actividad, deberán vigilar el cumplimiento de la normativa sobre prevención por parte del trabajador autónomo, así como también en el caso de que le faciliten maquinaria, equipos o productos deberán garantizar que se cumplen las exigencias legales de prevención relativas a tales maquinarias o equipos. El incumplimiento de tales obligaciones por parte de las empresas generará la obligación de indemnizar los daños y perjuicios que se puedan causar y que deriven de tales incumplimientos.

Mutua laboral

Desde el 1 de enero de 2007, los autónomos han de contratar obligatoriamente con una Mutua Laboral la cobertura de las prestaciones de incapacidad temporal que se contemplan en el Estatuto del Autónomo. La elección de la Mutua de accidentes de trabajo es libre, siempre y cuando se elija una de las que están reconocidas con carácter oficial. En cuanto al coste a la hora de elegir una u otra, es exactamente el mismo y supone un incremento del uno por ciento en la cuota mensual que los autónomos deben pagar a la Seguridad Social.

Libros y registros

Todo trabajador autónomo debe llevar la contabilidad de acuerdo al Código de Comercio que, aunque fue aprobado en 1885, sigue todavía vigente. Los libros, que son los siguientes, deben legalizarse en el Registro Mercantil:

Libro de inventarios y cuentas anuales (Balance, cuenta de pérdidas y ganancias y memoria)

Libro diario, en el que se registran diariamente todas las operaciones relativas a la actividad empresarial.

Cuando la actividad empresarial realizada no tenga carácter mercantil, de acuerdo con el Código de Comercio, las obligaciones contables se limitarán a la llevanza de los siguientes libros registros:

– Libro de registro de ventas e ingresos

– Libro de registro de compras y gastos

– Libro de registro de bienes de inversión

Además, los trabajadores autónomos tendrán que tener también un Libro de Visitas, donde los inspectores de Trabajo anotarán las diligencias que practiquen derivadas del resultado de sus visitas, tengan o no trabajadores por cuenta ajena. Por suerte, estos trámites los realizan las asesorías fiscales y laborales, por lo que, desde mi punto de vista, la primera obligación de un trabajador autónomo siempre que tenga dudas es dirigirse a uno de estos centros profesionales.

Facturas

Todos los autónomos tienen la obligación de expedir factura por cada una de las operaciones que realicen, aplicando los impuestos y retenciones correspondientes. Esta obligación incluye la de conservar copia o matriz de las facturas emitidas. Pero de cómo facturar y de qué campos ha de rellenar según el tipo de factura, hablaré en próximos post.