Juramento hipocrático

Más de la mitad de los alumnos del MBA de Harvard que se graduaron este año realizaron un juramento hipocrático. De momento, y al menos en la teoría, los recién graduados parecen dispuestos a enmendar las faltas de algunos de sus predecesores, porque de ellos partió una iniciativa que pretende acercar la profesión de gestor a otras, como la de Medicina, cuyo acceso está regulado. Entre otras cosas, juraron que actuarán con la mayor integridad y que no tomarán decisiones que redunden en su propio beneficio, sino en el de la empresa y la sociedad a la que sirven. Siguiendo su ejemplo, más de mil estudiantes de 125 universidades de todo el mundo han acabado el curso asumiendo un parecido compromiso, porque no existe un juramento universal para los gestores.

Pero antes, en 2004, cuando la caída de Lehman Brothers y la cascada de escándalos financieros que la sucedió eran impensables, el presidente de Thunderbird, Ángel Cabrera, inició una campaña a favor del juramento hipocrático. Hoy todos los graduados deben comprometerse con sus principios antes de salir de la escuela, cuya sede está en Arizona. En la ceremonia de graduación, hacen pública su oposición a toda forma de corrupción, al tiempo que manifiestan su deseo de disfrutar de una reputación honorable y una conciencia tranquila.

En España, no se ha copiado el gesto. «Hace unos años, nosotros  lo consideramos, pero acabamos descartándolo porque no veíamos que estuviera alineado con nuestro sistema cultural ni tampoco que tuviera un efecto fundamental en el comportamiento de las personas», dice Joaquín Garralda, vicedecano del IE Business School.

Antonio Argandoña, profesor del IESE y experto en ética empresarial, nunca lo exigiría. «En primer lugar, porque, ¿qué es una actitud honesta en el mundo de los negocios? ¿Hasta qué punto retrasar el pago a un proveedor es una manera de resguardar tu cuenta de resultados o es robarle y poner en peligro su continuidad? En Medicina, por lo menos en tiempos de Hipócrates, estaba claro qué era una mala praxis y qué no. En economía, ahora, no lo tenemos tan claro. Por eso me parece mucho más importante la actitud personal». Argandoña se pregunta si aquellos que suscriben el juramento estarían dispuestos a poner en peligro su carrera si, llegado el caso, les obligaran a tomar una decisión inmoral. «¿Cómo reaccionará el día que su jefe le ordene que falsee la contabilidad para que el banco les dé el crédito?».

Por su parte, Alfons Sauquet, decano de Esade, considera que los símbolos están bien, siempre y cuando vengan respaldados por la práctica. «Las escuelas de negocios debemos velar por que todas las personas que pasen por ellas tengan conciencia de la responsabilidad que adquieren cuando toman decisiones. Éste sí que es el juramento hipocrático que las escuelas deberían hacer, y quizá exigirlo a los estudiantes».