José Medina

José Medina, presidente de Odgers Berndtson Iberia

Las huellas del talento son hábitos que se pueden aprender, practicar e incorporar a nuestras tareas gerenciales. Constituyen prácticas habituales que hemos identificado en muchos directivos excelentes. No se trata de ser como ellos, sino de adquirir patrones de comportamiento eficaces y de incorporarlos a nuestro repertorio de conductas.

Existen tres áreas donde quedan marcadas e identificables las huellas del talento: la empresa, la carrera profesional y la persona. En estos campos residen las claves del talento, de la excelencia, del éxito de un directivo o de su nivel meramente mediano o, en su caso, de fracaso.

Entre los indicadores del éxito de un directivo en la empresa podemos destacar seis de forma muy general: deja huella, hay un antes y un después de su paso; además de cumplir con sus obligaciones, aprovecha una serie de oportunidades no previstas que tienen un impacto mayor en los resultados de la empresa; practica la Ley de Pareto: el 20% de sus tareas contribuye al 80% de su eficacia, y en ellas se concentra; además, construye equipo, cultura y valores y mutiplica la eficacia; también práctica el «liderazgo de tres pilares»: capacidades y experiencia, motivos e intereses, y ética y valores; dan mil por uno, es decir, su impacto y resultados crecen con la complejidad del puesto.

Con respecto a la carrera, practican la ecuación: Aportar + Aprender + Consolidar + Crecer.

Pero, además, tienen una carrera multifuncional, es decir, pasan por diferentes funciones, empresas, sectores… lo que les permite contemplar los problemas en sus diferentes facetas. Este tipo de directivos también disfruta  de las mieles, pero no «engordan» y «se tiran a la piscina» pero con agua: toman riesgos bien calculados y persiguen metas ambiciosas pero realistas. Por último, demuestran tendencia a la acción, en una proporción de 1/3 de reflexión y 2/3 de acción, y su carrera es ascendente en poder formal, influencia, responsabilidad y «networking».

Finalmente, en cuanto a la persona, tienen buena aceptación de si mismos, usan y desarrollan sus puntos fuertes, poseen un buen dominio de sus emociones y demuestran aplomo ante situaciones límite; practican el Kaizen, es decir, mejorar siempre y esforzarse al máximo; aplican la ecuación: Asequibilidad + Empatía + Comunicación + Influencia. Además, tienen «amor total» a su tiempo, de tal modo que planifican con el hemisferio izquierdo y lideran con el derecho, y son capaces de reírse de si mismos y de las cosas sin perder responsabilidad.