El pasado domingo, Rosario Sepúlveda publicaba un artículo en los suplementos EmpresaDinero y Empleo sobre los perjuicios no económicos de la precariadad laboral que me parece interesante comentar, por estar avisados más que nada.

El reportaje empieza con una frase bastante elocuente: «Es evidente que el suicidio guarda relación con los desastres financieros. Y no hablo de millonarios saltando por la ventana, sino de gente pobre»… y ¿quién ha dicho esto tan tranquilizador? Pues Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta es la consecuencia más extrema, pero lo que sí está claro es que la situación económica en la que nos encontramos, con noticias diarias de despedidos masivos, provoca una intranquilidad que queramos o no termina afectando a nuestra salud mental y física. En el artículo se recoge también la opinión de Lucía Artazcoz, directora del Instituto de Servicios a la Comunidad de la Agencia de Salud Pública de Barcelona que señala que «el trabajo remunerado nos da estatus y reconocimeinto, relaciones sociales y una cosa muy importante, que es la estructura del día. Tenemos motivos para levantarnos a una hora y, a partir de ahí, empezamos a ordenar la jornada. Y éste es uno de los aspectos que más se utilizan para explicar la relación del paro con el estado de salud mental».

Según los expertos, uno de los primeros problemas que suele aparecer es la ansiedad, y tras ella pueden desencadenarse otro tipo de dolencias como alergias, cardiopatías, hipertensión o problemas osteomusculares. E incluso muchas de las adicciones tienen su origen en problemas laborales.

Después del lado negativo, habrá que dar algún consejo para no llegar a estas situaciones, ¿no? En el artículo, Rosario cuenta con la opinión de María Jesús Álava, psicóloga, que acaba de publicar un libro titulado Trabajar sin sufrir. En él la autora recomienda ser positivos y pacientes para encarar las situaciones difíciles, y cuando veamos que nuestro puesto peligra realmente lo mejor es acudir a nuestra red de contactos, para comunicar que estamos abiertos a otras ofertas, estudiar la posibilidad de hacer algún curso para mejorar el currículum y cumplir con profesionalidad, pero sin entregarse emocionalmente. «Nadie nos paga por sufrir, no hay empresa que pueda compensar el sufrimiento de una persona».

En fin, que si no trabajo no como, pero si trabajo puedo sufrir todo tipo de enfermedades… Un dilema, habrá que tomárselo con filosofía.

Para terminar, las cinco reglas de oro que María Jesús Álava ofrece para conseguir que nuestra ocupación sea una fuente de alegrías:

1. Párese a pensar: «Debemos dedicar 30 minutos cada día a esta tarea. Si las dos terceras partes de la jornada las pasamos trabajando, muchas veces con jefes y compañeros a los que no elegimos, merece la pena que nos dediquemos esa media hora, el 6% de nuestro tiempo».

2. El trabajo es importante, pero no lo es todo en la vida: «Démosle la importancia que debe tener: ni más de lo necesario ni menos de lo preciso».

3. Desconecte al salir: «Así recuperaremos más tiempo para nosotros y nos resultará más sencillo actuar desde la calma y la racionalidad».

4. Aprenda a decir no, tanto a los jefes como a los compañeros: «No saber decir no es renunciar a dirigir nuestra vida y dejar que sean otros quienes marquen nuestro destino».

5. No caiga en la provocación: «Quien cae en la provocación no controla sus emociones y no es dueño de sus respuestas».