Ya no existen los empleos para toda la vida. Incluso los funcionarios están ahora más controlados que nunca y si no cumplen correctamente con sus funciones pueden ser despedidos. Esta realidad unida al mal momento por el que atraviesa el mercado laboral, hace necesario que contemplemos el despido como algo que nos puede pasar a todos.

La semana pasada, la red profesional LinkedIn publicaba los resultados de una encuesta llevada a cabo entre algunos de sus miembros a los que se les preguntaba sobre qué harían si fueran despedidos. Algunos datos son interesantes:

– Dos de cada diez españoles utilizarían la indemnización recibida para tomarse un respiro y disfrutar de unas largas vacaciones.
– El 96% de los encuestados nunca destinaría ese dinero para invertir en el negocio de un amigo.
– El 58% sacaría su vena emprendedora y pondría en marcha su propio negocio.
– El 8% invertiría el dinero en acciones e inmuebles.
– Sorprendentemente, sólo un 13% respondió que optaría por la seguridad y viviría de la indemnización hasta encontrar otro empleo.

Lo que está claro es que después de un despido se experimentan una serie de sensaciones de tristeza, rabia o miedo que pueden llegar a bloquearnos. Pero aunque es lógico experimentar todos estos sentimientos, no podemos dejar que nos paralicen, tenemos que planificar nuestro tiempo y prioridades de otra manera. Los expertos dan algunos consejos para superar esta etapa lo más rápido posible:

– Hay que ser realistas, asumir el despido pero no dramatizar la situación y ponernos en lo peor.
– Hay que hablar del tema, desahogarse siempre hace bien.
– Pensar que se trata de una etapa más, un periodo de transición entre un trabajo y otro.
– Ser positivo, si se ha sido un buen profesional seguro que otra empresa nos da la oportunidad de seguir demostrándolo.

Después de esta primera fase, es el momento de ponerse manos a la obra: hay que buscar trabajo y reorganizarse económicamente. Como ya hemos comentado en otros post, buscar trabajo es un trabajo en sí mismo, requiere tiempo y más ahora, pero no hay que venirse abajo. Un buen punto de partida puede ser recurrir a la red de contactos (o como se dice ahora «networking»). Se calcula que cerca del 70% de los puestos se cubren gracias a las recomendaciones de amigos, conocidos o antiguos compañeros.

Aunque en un primer momento lo más lógico es buscar trabajo en empresas del sector el que trabajábamos, tampoco se puede descartar un cambio de trayectoria. Los conocimientos que hemos acumulado durante años en un campo de trabajo pueden ser muy valorados por empresas de sectores totalmente diferentes.

En cuanto a la planificación económica, tenemos que ser realistas, porque cuando nos despiden no sabemos a ciencia cierta el tiempo que vamos a tardar en encontrar otro empleo. Salvo que trabajáramos por hobby o que tengamos el dinero como castigo será necesario reorganizarse económicamente. Aunque cada situación es diferente, se pueden citar algunas pautas básicas para reducir costes:

– Hacer un estudio detallado y analizar todos los gastos que tenemos, diferenciando entre fijos y variables.
– Dejar los caprichos o grandes gastos para mejor momento.
– Si tenemos hipoteca podemos intentar negociar con el banco la posibilidad de alargar los plazos y reducir las cuotas mensuales.