Màrius Rubiralta

Màrius Rubiralta, Secretario General de Universidades

Su larga experiencia como profesor y rector de la Universidad de Barcelona le ha proporcionado una visión privilegiada de las bondades y las carencias de la institución universitaria española. Màrius Rubiralta, Secretario General de Universidades, confiesa que nuestro sistema de educación superior se encuentra en un momento clave. De lo que se haga ahora dependerá su futuro. Pero aunque nuestros campus se están modernizando a un ritmo acelerado, Rubiralta confiesa que la internacionalización del alumnado es la gran asignatura pendiente.

– La institución universitaria española se encuentra en un momento de transición en el que confluyen varios procesos decisivos. ¿Es quizá el cambio más importante de su historia?

– Es seguro que estamos en el momento más importante y por eso de máxima responsabilidad. Del camino que elijamos ahora dependerá si avanzamos y formamos parte de los países más competitivos o si quedamos descolgados. Pero, además, han coincidido en el tiempo el desarrollo del Espacio Europeo de Educación Superior en España, cuando en el resto de Europa ya se realizó en la primera parte de la década anterior, y la etapa de crisis, con la reestructuración del sistema social y económico que conlleva.

– ¿Y hacia dónde camina la universidad española?

– Nosotros hemos simplificado el discurso en tres grandes líneas. La primera es la de la consolidación de una dimensión social adecuada, moderna y, además, precisa para los objetivos del Espacio Europeo de Educación Superior. El segundo elemento es el de la excelencia. En nuestro caso, excelencia quiere decir buscar lo mejor de cada una de nuestras instituciones, pero también implica una serie de valores como el mérito, el esfuerzo, el talento… En España hemos entendido que este eje central de la excelencia tenía, además, otra dimensión, que es la excelencia del entorno y de la relación universidad-ciudad-territorio. Por último, el tercer gran reto es la internacionalización, que a su vez implica tres aspectos: desarrollar una oferta docente más preparada para la demanda internacional, tanto en grado como en master y doctorado; buscar mecanismos para la entrada de profesores que vengan de otros países; y, en tercer lugar, aumentar nuestro posicionamiento a nivel global.

– Justamente la internacionalización es uno de los grandes problemas de la universidad española. ¿A qué se debe ese retraso?

– Nuestra oferta docente continúa siendo aún de ámbito muy local, así que el tema lingüístico ha tenido mucho que ver. Estamos muy acostumbrados a la incorporación en nuestras universidades de personas de habla española y el mercado iberoamericano está muy consolidado en España. Sin embargo, únicamente este elemento no es el que nos hace entrar en el marco internacional. Necesitamos competir con universidades europeas, como las de Berlín, Heidelberg, París o Lyon. Estas instituciones ofrecen, no únicamente enseñanzas en su propia lengua, sino también en inglés y, además, están lanzando una oferta muy potente para los países iberoamericanos.

– Desde que empezó la crisis económica se habla de buscar un nuevo modelo económico sostenible. ¿Qué función podría tener la universidad en la implantación de ese modelo?

– En todos los países europeos donde se ha discutido ese tema se ha llegado a la conclusión de que la universidad cumple un papel fundamental. En primer lugar, ofrece formación, y en momentos de crisis es fundamental para crear innovación y riqueza. En segundo lugar, crea nuevo conocimiento, que puede transformarse en valor, en riqueza económica, en nuevas empresas. Y, en tercer lugar, tiene un papel importante en el desarrollo regional. En Europa se ha visto que las regiones más innovadoras siempre tienen detrás una universidad competitiva.

– Uno de los problemas de la universidad española es su déficit en ciencias, la escasa vocación científica de los futuros estudiantes. ¿Cuál cree que es la causa de este problema?

– Esta situación pone sobre la mesa el hecho de que de los jóvenes prefieren un enriquecimiento rápido, un trabajo fácil con un mínimo esfuerzo. Hoy se entiende muy bien que para sacar adelante un país, una sociedad o una familia el esfuerzo es fundamental y estas áreas científicas, que en un principio exigen un mayor esfuerzo, son necesarias. Ninguna sociedad tendrá una economía equilibrada si no ha sabido incorporar a la sociedad los valores de la formación en estos ámbitos.