La universidad. Una historia ilustrada

Los investigadores no podrían situar de forma definitiva el amanecer de la ciencia en una fecha determinada. Es consustancial al hombre y su aparición fue paulatina, como la evolución de los propios homínidos y, más tarde, de las sociedades. Sin embargo, los expertos sitúan la fecha del alumbramiento de la observación científica en un día y un lugar determinados: el 23 de noviembre del año 1311 antes de Jesucristo en Asia. Es la fecha en la que se ha datado una inscripción china titulada «anyang » que recoge la observación de un eclipse, «aquel que tuvo efecto el decimoquinto año de la duodécima luna del vigésimonono año del reinado de King-Wu-Ting». Así comienza el recorrido histórico de «La universidad. Una historia ilustrada», un libro editado por el Banco Santander y que traza el camino sinuoso y lleno de altibajos de la institución universitaria y del conocimiento científico a través de los siglos.

El volumen repasa, en poco más de 400 páginas, la historia de una institución ligada, de forma inseparable, a la historia de la humanidad, a su lucha contra la ignorancia y a la necesidad del hombre de comprender el mundo que le rodea a través de la ciencia y del conocimiento. La obra, en la que han participado 34 investigadores de 16 países, nace con un objetivo claro: «poner en valor la aportación de la universidad en cada periodo de la historia de la humanidad», según aseguró el propio presidente del Banco Santander, Emilio Botín, durante la presentación del libro, que tuvo lugar el pasado 14 de octubre en el Centro de Congresos de San Fernando,Cádiz, coincidiendo con la apertura del curso universitario.

Los ocho capítulos que desgranan las páginas de «La universidad. Una historia ilustrada» han sido coordinados por Fernando Tejerina, un hombre de universidad, que fue rector de la Universidad deValladolid y secretario de Estado de Universidades. Para acompañar el texto se han desplegado 230 imágenes de prestigiosos autores, como el ilustrador Christopher Anderson y los fotógrafos Candida Höfer, Richard Salvar y Bruno Barbey, este último ligado a la agencia Magnum desde hace más de cuatro décadas.

El libro, que saldrá a la venta en navidad, tendrá una tirada de 22.000 ejemplares –aunque sólo 7.000 a la venta- y, además de la española, habrá ediciones en inglés y en portugués que distribuirán Turner, Overlook Press y Cosacnaify.

Un camino tortuoso

«La universidad. Una historia ilustrada» marca el comienzo de su periplo en los valles de los ríos Tigris, Éufrates y Nilo, donde vieron la luz, tres mil años antes de Cristo, una serie de conocimientos que permitieron desarrollar las primeras sociedades organizadas. Estos saberes –matemáticas, hidráulica, astronomía, química o medicina- tenían una función práctica: llevar la contabilidad, medir tierras de cultivo, confeccionar calendarios… Sin embargo, fue la civilización griega la que dotó de esplendor a estas técnicas primitivas, sistematizándolas, y creó los primeros focos ordenados del saber, la Academia y el Liceo. El Imperio Romano adoptó la vasta cultura helénica y la mantuvo en su prestigioso estatus, pero no aportó nada nuevo. Tras el hundimiento del Imperio, se inicia la Edad Media, un periodo que supuso un paso atrás, ya que las instituciones pedagógicas y culturales son cerradas y la ciencia y la filosofía, abandonadas. En este periodo, los monasterios, las escuelas de traductores y la ciencia árabe serán los encargados de transmitir el legado grecorromano.

Sin embargo, no es hasta el siglo XI cuando se crean nuevas escuelas con métodos de enseñanza sistematizados. Los denominados «estudios » –dependiendo de si contaban o no con bula papal se denominaban litterarum o generale- son el germen de las futuras universidades. En 1088 nace el estudio de Bolonia y, el siglo siguiente, los de Palermo y Regio en Italia, París y Montpellier en Francia y Oxford en Inglaterra.

En el siglo XIII tendrán su réplica en la Península Ibérica, con la creación de centros en Palencia, Salamanca, Valladolid, Coimbra, Alcalá de Henares y Lérida. A partir del siglo XVI se generaliza el término Universitas Literarum para denominar a estas instituciones y los estudiantes recorren Europa buscando los centros más prestigiosos. Es en el Renacimiento cuando el movimiento académico cobra fuerza y se da un nuevo impulso al conocimiento, aunque es la Ilustración y las ideas de la Revolución Francesa, y luego del liberalismo, las que permiten la creación de un nuevo tipo de institución, la universidad moderna.

El caso español

En España, la institución universitaria tiene también una trayectoria llena de vaivenes, de luces y de sombras. Ya en el siglo XVI, la reforma luterana y el temor a su expansión por los reinos de España hizo que Felipe II promulgara una pragmática que limitaba la movilidad de los estudiantes del reino: «ninguno de nuestros súbditos y naturales, eclesiásticos y seglares, ni otros algunos, pueden salir de estos Reinos a estudiar, ni enseñar, ni aprender, ni estar, ni residir en Universidades, estudios ni Colegios fuera de estos reinos». El siglo XVIII pinta un panorama bastante decadente de nuestras universidades.

Consciente de sus limitaciones, Carlos III inicia una serie de reformas entre 1766 y 1771 con el objetivo de dar aire renovador a los claustros universitarios. Sin embargo, el miedo a la infiltración en las universidades españolas de las ideas de la Revolución Francesa, dan al traste con este frente renovador. La reforma definitiva es recogida en la Ley Moyano de 1857, que establece un modelo centralista y uniforme de la universidad y que estará vigente, con algunos retoques, durante más de un siglo.