Las empresas no han dejado de hacer sus «deberes» sociales aunque ya llevemos cuatro años de crisis económica. La llamada responsabilidad corporativa (RC) está más viva que nunca e, incluso, algunos expertos llegan a considerarla un auténtico «salvavidas» para salir del atolladero.

Un ambicioso estudio de la consultora KPMG, llamado ‘KPMG International Survey of Corporate Responsibility Reporting 2011’, sostiene que el 95% de las empresas que forman parte del ranking Global Fortune 250 –G250– publican información sobre sus programas de Responsabilidad Corporativa y, en algunos sectores –farmacéutico, gran consumo o construcción– esta práctica se ha duplicado desde la última edición del análisis, elaborado en 2008.

Según dicho informe, España es un país destacado en RC: ochenta y ocho de las 100 mayores empresas de nuestro país realiza informes de responsabilidad corporativa, lo que nos sitúa en el séptimo lugar del ranking mundial.

El estudio deKPMG recoge información de las compañías que forman parte del G250, así como las de otras 3.400 empresas de todo el mundo, entre las que se encuentran las empresas líderes nacionales de 34 países y 15 sectores de actividad.

No solo imagen

Que las empresas siguen realizando acciones deRC, a pesar de la crisis, es un hecho, pero falta saber qué hay detrás, ¿verdadero afán de ayuda social o puro marketing? Según un reciente estudio de la Fundación Adecco, en el que han participado 150 altos cargos de empresas, la sociedad continúa mirando a las oganizaciones con ojos muy escépticos, asociando todas las acciones de RC a marketing, publicidad o lavado de imagen.

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, cree que «es innegable que uno de los objetivos de la comunicación de las acciones de RC es la notoriedad, pero no es el único. Comunicando nuestras acciones responsables promovemos el efecto contagio, trasladamos al resto de las compañías nuestras prácticas responsables y sensibilizamos a la sociedad, dotándola de nuevos valores y actitudes».

Según el estudio de la Fundación Adecco, un 66,7% de los encuestados indica que una empresa debe ser responsable por una cuestión de principios, por un deber ético con el mundo en el que opera; un 18,2% es más pragmático y opina que el principal motivo para ser responsable es perseguir la rentabilidad, ser capaz de perdurar en el tiempo; de lejos, un 9,1% declara que el objetivo fundamental de la RC es mejorar la imagen de marca y la reputación.

Mejorar la credibilidad de las acciones de RC es uno de los retos a los que se enfrentan las organizaciones, pero hay más. Por ejemplo, que las compañías no lo identifiquen con la partida de gastos, sino como productividad e ingresos. Según Francisco Mesonero, el tejido empresarial debe ser consciente de que ser responsable es una excelente oportunidad de crecer, abrirse a nuevos horizontes e incrementar la productividad.

«Aquellas compañías que se alíen con la responsabilidad para resucitar de la crisis, percibirán resultados positivos, materiales e inmateriales. Si fomentamos la satisfacción de nuestros empleados, respetamos el medio ambiente, integramos a personas desfavorecidas en nuestra plantilla o realizamos voluntariado corporativo, estamos conduciendo a nuestra empresa, de manera natural, a la sostenibilidad e incremento de los beneficios».

Es decir, que la responsabilidad empresarial nunca sobra y, además, puede ser un buen flotador en medio de una tormenta como la actual.