El debate está en el Congreso de los Diputados, pero también en la calle. La aprobación del Real Decreto de reforma laboral con los votos a favor de Partido Popular, CiU, UPN y Foro Asturias no amaina las aguas. Más bien, todo lo contrario. Para empezar, una huelga general convocada por los sindicatos para el próximo día 29, precedida de dos movilizaciones donde miles de ciudadanos salieron a la calle para protestar por la reforma. Unas movilizaciones que el Partido Popular no entiende. La diputada María del Carmen Álvarez-Arenas piensa que en España “hay que crear empleo, no tensiones. Los sindicatos son dueños de sus acciones y tendrán que responder ante los ciudadanos”. Asimismo, defiende la reforma, porque “va a ser muy eficaz para las pymes, los autónomos y los trabajadores”.

El siguiente paso del proceso se dará de nuevo en el Congreso de los Diputados. La reforma laboral será tramitada ahora como proyecto legislativo para que los grupos parlamentarios propongan las modificaciones que consideren oportunas. El Partido Socialista e Izquierda Unida han anunciado ya que presentarán enmiendas a la totalidad del texto y consideran, en voz de los sindicatos, que está en manos del presidente del Gobierno el poder desconvocar la huelga general mediante el diálogo. Algo que no parece que vaya a suceder. Es más, la propia ministra de Trabajo, Fátima Báñez, confirmó hace unos días que la reforma seguirá adelante, aun a costa de romper la “paz social”, puesto que, aunque mantenerla es muy importante, “no puede desviar la atención principal de un Gobierno responsable, que es gobernar para la mayoría”.

Sin embargo, la oposición sigue en sus trece. La diputada socialista Isabel Rodríguez ha manifestado el rechazo “rotundo” del Partido Socialista a la reforma laboral porque “responde a una posición claramente ideológica que provocará un retroceso de 30 años en los derechos de los trabajadores”. Para ella, “facilita el despido y promueve la máxima flexibilidad no pactada dentro de la empresa, impuesta de forma unilateral por el empresario”. No es la única opinión discordante. Además de los sindicatos, algunos expertos como Daniel Toscani, profesor de la Universidad de Valencia, opina que el futuro trae “menos derechos laborales para los trabajadores”. Y añade que mientras no se recupere la economía, “no se crearán puestos de trabajo”.

Para Toscani, esta Reforma Laboral ha de salir adelante porque la ha impuesto la Unión Europea: “Es una reforma más de las exigidas para suavizar el déficit”, un déficit que esta semana no se ha congelado en el 5,8% como pedía el Gobierno, sino que se ha visto reducido hasta el 5,3%, lo que supondrá un ajuste extraordinario de 5.000 millones de euros para 2012, que tendrán que sumarse a los 30.000 ya exigidos en un primer momento. Un añadido que, según Comisiones Obreras, aumentará los efectos negativos en el paro, algo que ha negado rotundamente el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Abiertos al diálogo

A pesar de los innumerables impedimentos que el Gobierno se está encontrando con el resto de partidos políticos, María del Carmen Álvarez-Arenas asegura que el Partido Popular dialogará “hasta el último minuto”. Según afirma, esta negociación ya se inició “con las 32 reuniones técnicas que mantuvimos con los sindicatos”. Por tanto, el Ejecutivo de Rajoy rechaza volver a sentarse con ellos y pide que presenten sus enmiendas “a través de los grupos parlamentarios que consideren oportunos”.

Por último, Álvarez-Arenas ha querido responder al PSOE, pues no entiende que presenten una enmienda a la totalidad: “Este proyecto de Reforma Laboral coincide en gran parte con la reforma presentada por el Gobierno de Zapatero en 2010, solo que ellos la hicieron incompleta”. Critica también que los socialistas pretendan elevar la reforma al Tribunal Constitucional y asegura que esta reforma, en contra de lo que asegura la oposición, mira por los jóvenes y por las mujeres. “Promueve un contrato en prácticas y mejoras relevantes en la formación, impulsando el contrato indefinido mediante importantes bonificaciones”. En su opinión, “son las reformas que los socialistas decían que eran necesarias para ser competitivos, pero que no se atrevieron a hacer. Son medidas valientes y progresistas”.