La pandemia ha puesto en evidencia la importancia de la recapacitación. Si veíamos avanzar la automatización como un desafío para el empleo a medio plazo, la llegada del coronavirus ha obligado a driblar para adaptarse en tiempo récord a las nuevas necesidades de la sociedad. ¿Cómo podemos adecuar los perfiles profesionales a este nuevo escenario?  La OCDE recoge algunas iniciativas y sugerencias para reubicar a profesionales con baja demanda. Nos introducimos de lleno en el el lifelong learning.

Las habilidades definen mejor los perfiles que los puestos de trabajo, según la OCDE

En un mundo líquido donde lo transversal se impone las habilidades han tomado una importancia crucial por encima de las funciones. Los curriculum traducen experiencias laborales en habilidades adquiridas o competencias desarrolladas. Los puestos de trabajo ya no explican lo suficiente las cualidades de un trabajador, que no siempre desarrolla en ellos todo su potencial.

Por otro lado, en la medida que abordamos tareas optimizamos determinadas habilidades para afrontarlas de la mejor manera. La práctica, el conocimiento compartido, las dificultades a las que se enfrenta una persona a la hora de dar solución a su día a día durante la jornada hace que las competencias se fortalezcan. No solo las más técnicas, también las que conocemos como soft skills. Éstas, por su carácter transversal, pueden aplicarse a otras actividades y sectores. Por ejemplo, saber priorizar tareas sirve tanto para cocinar como para lanzar un cohete al espacio.

Modelos de transformación de los perfiles profesionales gracias a las competencias

Esta es la idea que subyace en los modelos para reubicar profesionales de un sector a otro que recopila la OCDE. Modelos como el que propone O * NET en los Estados Unidos, ESCO (European Skills, Competences, Qualifications and Occupations) en Europa o el Servicio de Empleo del Gobierno de Australia que identifican las habilidades que se desarrollan dentro de cada ocupación. El modelo consiste en trazar el camino de una competencia adquirida en una ocupación para adaptarla a otro trabajo. La necesidad de formación será mínima y la coincidencia en las competencias que se requieren para ambas posiciones hará que la transferencia sea más ágil.

Durante los meses iniciales de la pandemia la necesidad de trabajadores en unos sectores, como el sanitario por ejemplo, ha sido muy alta mientras que los ERTE y el desempleo hablan de la baja demanda de otros. Algunos países han sabido ver la oportunidad en las habilidades coincidentes entre dos ocupaciones para trasvasar trabajadores. También la ventaja de la adaptación gracias a una rápida formación. Se ha formado a muchos trabajadores que pertenecen al ámbito sanitario, pero cuyas especialidades no estaban vinculadas al cuidado de enfermos para poder dar asistencia frente a la altísima demanda que se produjo de estos profesionales.

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Formación de rastreadores en seis horas

En otros casos, algunos de los empleos que se han considerado esenciales no requieren de mucha formación o la necesaria se puede adquirir de forma rápida.

En EE.UU., se han formado con mucha celeridad (unas seis horas) los imprescindibles rastreadores para frenar el contagio comunitario de la Covid. Tanto en España como en Francia los desempleados podían compaginar su prestación con el trabajo en la recolección en el campo, necesario al cerrarse fronteras. En las Islas Baleares, las personas que habían llegado en marzo a trabajar en el sector turístico se desplazaron casi en su totalidad al campo para la recogida de frutos.

Muchos operarios de fábricas de plásticos en todo el mundo han cambiado su producción habitual por la fabricación de material sanitario como respiradores, mascarillas. El background de estos operarios y técnicos sirvió para la producción de materiales diferentes a los que hacían normalmente.

El reto de los sistemas nacionales de empleo está en invertir esfuerzos en definir las necesidades del mercado laboral en cuanto a competencias y facilitar el trasvase de trabajadores de actividades con baja demanda a otras con una mayor necesidad. Gracias a la identificación de las competencias se pueden transformar los perfiles profesionales de personas con empleos con mayor probabilidad de desaparición por la adecuación a perfiles más necesarios. Las competencias digitales y la formación a lo largo de toda la carrera profesional serán imprescindibles en este camino.