Aunque las mujeres ya conforman más del 53% del alumnado universitario, solo ocupan el 34% de las plazas de profesor titular y el 14% de las cátedras. Además, de los 73 rectores que hay actualmente en España, solo diez son mujeres. Así lo explica la investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid, Margarita Salas Falgueras, que, además, asegura que «teniendo en cuenta el elevado número de mujeres que en la actualidad  realizan una tesis doctoral en ciencias, es de esperar que en unos quince años la mujer española ocupará en la investigación el puesto que le corresponde de acuerdo con su capacidad y trabajo».

Esta bióloga, que fue la primera en entrar en una academia científica española, en 1988, señala que está «en contra de las cuotas que tratan de forzar la paridad». Sin embargo, expone «el abismo que se abre entre una  situación pasada, en que la mujer era una rareza en la actividad científica española, y la actual, con una mayoría de mujeres, en particular doctoradas, en nuestros centros de investigación».

Las primer mujeres en la ciencia

El siglo XX marcó el ingreso de las mujeres en el mundo de la investigación científica y, sin embargo, son pocas las que han alcanzado un reconocimiento importante: solo 15 han conseguido el Premio Nobel en Ciencias desde aquel primero que obtuvo la física Marie Curie en 1903, siete años antes de que en España se permitiera a la mujer la libre entrada a  la Universidad, en una primera promoción a la que accedieron 15.000 hombres y 21 mujeres.

Ejemplos como la pedagoga María de Maeztu, la abogada Victoria Kent o la filósofa María Zambrano fueron protagonistas de esta época en la que la mujer se incorporaba al campo de la ciencia.  Aún así, el proceso fue lento y estuvo siempre lleno de obstáculos. De hecho, hasta 1977 no se llegaría al  nivel de universitarias que había en Estados Unidos en 1920, que alcanzaba un 43%. Dieciséis años más tarde, en 1993, este porcentaje superaría al de los hombres con un 53% de presencia femenina entre los titulados universitarios.

Hoy ellas no solo los superan en número, sino también en calificaciones. En la actualidad, hay ya muchas mujeres que están iniciando una carrera investigadora, pero pocas han alcanzado un puesto de dirección en la ciencia y en el mundo académico. «El acceso a los puestos de dirección lleva su tiempo: hace diez años la Unidad de Ciencia y Sociedad de la Comisión Europea publicó un informe que ponía de manifiesto un patrón general a todos los países estudiados en el que, según se subía en la escala de categorías, la proporción de mujeres disminuía, siendo menor al 15%en la categoría más alta», explica Pilar López Sancho, presidenta delegada de la Comisión de Mujeres y Ciencia del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

El papel actual de las científicas en España

España no escapaba a esta situación. A partir de 2005 se creó la Unidad de  Mujeres y Ciencia del Ministerio de Educación (UMYC) y se estableció la necesidad de una presencia equilibrada en tribunales y comisiones. Así, poco a poco la evolución desde entonces ha sido positiva en la categoría de profesoras de investigación, que ha pasado de un 15% a un 23,5% en 2010.

El siglo XXI en España ha supuesto el principio de muchas iniciativas relacionadas con esta materia. Aparte de la creación de la UMYC en 2005, se fundó la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC en 2001 con el objetivo de detectar los obstáculos que motivan las desigualdades entre sexos, sobre todo en los altos cargos del ámbito científico. «Desde aquel año se publican anualmente estadísticas desagregadas, lo que constituye un arma importante para poder diagnosticar los problemas», explica su presidenta Pilar López.

Un año antes se creó la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, que aúna a mujeres de la universidad, de la industria y del CSIC, con la finalidad de colaborar en el fomento de la igualdad para acceder a la actividad investigadora y ser el enlace con otras organizaciones europeas e internacionales en la investigación de este campo.

La presidenta de la Comisión de Igualdad del CSIC ha señalado que «el hecho de que haya un 40% de mujeres en una profesión y solo un 18% en la categoría más alta es una indicación de que algo funciona mal». Además, añade que «si la proporción en la categoría más alta es problemática, en los premios científicos la presencia de mujeres es mucho más baja – en los más prestigiosos no pasa del 5%– y permanece bajo también el número de mujeres invitadas a dar charlas en los congresos».

La mujer investigadora en el ámbito europeo

En el ámbito europeo, bajo las directrices del Programa Marco, la Comisión Europea apuesta por el control estadístico de la participación de la mujer en los distintos proyectos como indicador de la actividad femenina en las distintas disciplinas, con el objetivo último de fomentar la igualdad de sexos en la investigación e integrar la dimensión de género en toda la investigación europea.

Por otro lado, iniciativas como el Grupo de Helsinki sobre mujeres y ciencia, formado por representantes de todos los estados miembros, llevan desde 1999 fomentando la relación y apoyo entre mujeres científicas europeas para luchar contra su escasa representación en las carreras científicas y el desproporcionado abandono de éstas en las diversas fases de su carrera  profesional.

Gracias al informe realizado por este grupo, la Comisión Europea impulsó la creación de la Plataforma Tecnológica de Científicas Europeas (EPWS) que, desde 2006, tiene como fin promover la inclusión de esta cuestión en el ámbito de la investigación científica.