¿Por qué las mujeres son tan pequeñas…? Extraña pregunta, si se saca de contexto. Sin embargo, el último Encuentro LiderA , celebrado en Madrid, utilizó esta cuestión como hilo conductor para una argumentación que llevó a las asistentes al evento a un ameno e interesante viaje por la evolución de la especie humana.

El encuentro, que tuvo lugar en el Instituto Internacional de Madrid, contó como ponente con Ignacio Martínez Mendizábal, miembro del equipo investigador de los yacimientos pleistocenos de Atapuerca y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1997, que impartió una charla titulada “Por qué las mujeres son tan pequeñas. ¿¿Son tan pequeñas??”.

Bajo este sugerente título, Mendizábal se dirigió a un auditorio en el que más de 120 mujeres, entre las que se encontraban la Directora General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, Mª José Pérez Cejuela, que introdujo el acto, y la Presidente de Infoempleo, María Benjumea, pudieron disfrutar de un recorrido cercano y apasionante por la evolución humana, haciendo paradas obligadas en la razón que hace que mujeres y hombres sean físicamente distintos, y comparando este hecho con las diferencias existentes en otras especies de primates. 

Ignacio Martínez Mendizábal junto a Mª José Pérez Cejuela y María Benjumea

 

La trayectoria evolutiva nos permite ver hacia dónde vamos”, argumentó Mendizábal, que en su senda por los grandes hitos de la evolución, especialmente por los hallazgos de la Sierra de Atapuerca, destacó que, a diferencia de otras especies, en la humana “el macho se ha ido haciendo cada vez más pequeño”, mientras que las hembras “han ido aumentando de tamaño”.

“La evolución humana es la historia del engrandecimiento de la mujer”, afirmó, respaldando de forma literal y metafórica la argumentación hecha a lo largo de la hora que duró el encuentro.

Lo fascinante del sentimiento paternal masculino, o la capacidad de colaboración en grupos sin vinculación familiar, fueron destacados por Mendizábal como hitos de la especie humana, de los que no somos conscientes pero que nos hacen únicos en la naturaleza.