Hasta que el ‘tsunami’ de la crisis irrumpió el año pasado, el sambenito de baja productividad y alto absentismo siempre se había asociado a España. De hecho, el índice de absentismo no dejó de crecer de 2002 a 2007, cuando alcanzó el valor del 4,8%. Según las estimaciones de Landwell, la división de asesoría legal de PricewaterhouseCoopers, este porcentaje se tradujo en un coste para la empresa de 12.376 millones de euros, un 36,46% más de lo que supuso en 2002. Sin embargo, los datos relativos a 2008 y, sobre todo, a 2009 apuntan en otra dirección: las prestaciones por incapacidad laboral de la Seguridad Social en los dos primeros meses del año han caído un 10,83% respecto al mismo período de 2008. «En general, hemos sido bastante tolerantes con las ausencias en el trabajo. Hemos vivido una cultura bastante absentista. Pero se está empezando a tomar conciencia, y las ausencias injustificadas empiezan a estar mal vistas», afirma María Vidal, socia del departamento de Derecho Laboral de Landwell-PWC.

En la mutua Egarsat también certifican que los accidentes de trabajo han caído en picado. Sergi Riau, director de Organización y Red Territorial, estima que se han reducido en más de un 15% en los últimos seis meses, «porque hay menos gente trabajando y también menos presión. Y si antes se iba al médico, directamente, a pedir la baja, ahora nos encontramos con trabajadores que, de antemano, te advierten de que no la quieren. Se ha producido un cambio de cultura, porque el riesgo de pérdida de empleo existe».

Por su parte, la Agencia de Salud Pública de Barcelona corrobora que, frente al absentismo, cobra cada día más fuerza el concepto de «presentismo», sobre todo entre los empleados temporales. «Ante el temor de que no les renueven el contrato, van a trabajar incluso enfermos», asegura Lucía Artazcoz, directora del Instituto de Servicios a la Comunidad de la Agencia.

Guía práctica

Pese a este cambio, trabajadores y empresarios convienen en la necesidad de poner freno al absentismo a medio y largo plazo. Para ayudarlos en esta tarea se ha editado la ‘Guía práctica para la gestión del absentismo’, en la que ha participado Sergi Riau. El libro reúne diferentes tipos de acciones preventivas y soluciones que abarcan desde los procesos de selección y contratación (manual de acogida…) hasta el régimen disciplinario de la empresa, pasando por el desarrollo de políticas retributivas y de beneficios sociales (retribución variable según absentismo, seguros médicos privados, conciliación laboral…) o la organización del trabajo (reevaluación del puesto, formación y comunicación…).

«Hasta ahora el absentismo se ha tratado como un problema derivado de factores externos, pero hay empresas cuyos índices están en el 2% y otras que los elevan hasta el 8%. Y la diferencia estriba en sus políticas. Si se gestiona con políticas que combinen la sanción y el control con otros motivadoras, se consiguen resultados a medio y largo plazo», apunta Riau, cuya empresa ha elaborado, en colaboración con la escuela de negocios Esade, el ‘Barómetro Egarsat sobre valores y comportamientos frente al absentismo en la empresa’.

Tras sondear las opiniones de 700 responsables de recursos humanos y 700 trabajadores, el barómetro desvela que somos más tolerantes con las faltas por maternidad, las enfermedades de larga duración, los accidentes laborales y la conciliación que con el dolor de cabeza o de espalda, el estrés o la gripe. El profesor del Instituto de Estudios Laborales-ESADE Carlos Obeso, que ha participado en el estudio, considera razonable reducir los límites del absentismo al 3% de las horas trabajadas.

El colesterol de la empresa

El reciente informe ‘Absentismo laboral: el colesterol de la empresa’ apunta que las empresas que aplican medidas de flexibilidad y conciliación reducen su tasa de absentismo del 5,3 al 3%, lo que equivale a un ahorro de 5.000 millones de euros al año.

El estudio, en el que participan la Fundación Másfamilia, la escuela de negocios EOI y la consultora Tatum, destaca que la falta de motivación y la insatisfacción laboral explican muchas de las faltas al puesto de trabajo. Aunque, objetivamente, el 22,9% de las tipificadas en el estudio se deban a las visitas al médico y el 21,4% a la conciliación de la vida personal y familiar.