Maite Gómez Checa

Maite Gómez Checa, directiva de ICE Coaching Ejecutivo y directora académica del Curso Superior de Coaching Ejecutivo de la UAM

¿Se imaginan una empresa donde las personas que trabajan en ella confían las unas en las otras, se aceptan tal y como son, reciben críticas y elogios como parte de su desarrollo en un entorno de generosidad y realizan con ilusión su trabajo? Una empresa en la que toman libremente decisiones y asumen la responsabilidad, se comprometen con su trabajo y quieren aprender y desarrollarse sin miedo al fracaso, son coherentes y auténticos, muestran respeto por sí mismos y por los demás y pueden hablar libremente y sentirse escuchados… y además es una de las empresas más rentables del mercado, porque no se pierde el tiempo en conflictos personales y las personas se sienten comprometidas y trabajan con afán de logro y superación.

Para conseguir una empresa de estas características es importante analizar la posible distancia que pueda existir entre ese ideal de empresa y la compañía donde usted trabaja. Para ello, es necesario que los líderes que forman su organización, entre ellos usted, se sientan protagonistas de este reto y no víctimas de las circunstancias.

Cuando una persona culpa de sus problemas a todo lo que le rodea, decimos que está adoptando un papel de víctima, es decir, que se sitúa en un lugar desde el cual no es responsable de lo que le ocurre y piensa que no hay nada que pueda hacer al respecto. Esto le permite justificarse y mantenerse tranquilo aun aceptando una situación no deseada que, aunque nos tranquiliza y baja nuestro nivel de ansiedad, en realidad no resulta productiva.

“Si no me siento parte del problema, posiblemente no me sienta parte de la solución”. Es decir, si no hay nada que yo pueda hacer sobre esta situación, no tengo ningún poder ni capacidad para resolverla. Y es que en ciertas ocasiones nos enfrentamos a situaciones que escapan totalmente a nuestro control y sobre las que no podemos hacer nada, cuando realmente lo que ocurre es que no estamos viendo que existen otras opciones.

Este tipo de problemas pueden solucionarse a través del coaching ejecutivo, que permite cambiar una situación actual no deseada por una situación ideal. Para ello es preciso que directivos, empresarios, ejecutivos, consultores, terapeutas, psicólogos y profesionales de sector del desarrollo personal y de los recursos humanos tomen conciencia y se sientan protagonistas de este cambio.

El coaching ejecutivo plantea un cambio de paradigma, un entrenamiento especializado en estas técnicas y competencias para que puedan ayudar y acompañar a otros profesionales en este cambio y conseguir así una transformación empresarial más efectiva y cercana a las necesidades de todas las personas que trabajan en organizaciones.

Esto es posible gracias a la innovadora metodología CORAOPS, cuyas siglas sirven para identificar las distintas fases que tiene un proceso de coaching, junto con las habilidades, competencias y herramientas apropiadas en cada una de ellas. Este método de trabajo integra las principales corrientes de coaching (ontológica, americana, europea y PNL), junto con las mejores prácticas de management; una metodología que está contrastada y sometida a investigación en la aplicación de procesos de coaching ejecutivo en entornos empresariales y garantiza óptimos resultados. En definitiva, CORAOPS es una idónea metodología que garantiza el desarrollo y las habilidades necesarias para llevar a cabo procesos efectivos de coaching ejecutivo y poder vivir el coaching desde las dos partes de la relación coach-coachee, tan necesario para el ejercicio óptimo del coaching y para el éxito de la empresa.