La Comisión Europea ya lo avisaba el pasado verano: en 2060 habrá que jubilarse a los 70 años para no tener que reducir las pensiones. Y es que la tendencia hacia el envejecimiento de la población y la disminución del número de nacimientos hace inevitable elevar la edad de jubilación, según los cálculos de la Comisión.

Por entonces –verano de 2010–, España ya había entrado en ese debate, que ha mantenido a Gobierno, sindicatos y opinión pública enfrentados. Durante este tiempo se han oído propuestas, cálculos de años cotizados y más de una voz contraria. Pero, ¿y si el retiro más allá de los 65 –incluso de los 70– fuera voluntad del propio trabajador?

Lo que para muchos puede parecer más que un disparate, es una realidad para varios colectivos profesionales que tienen la posibilidad de mantenerse activos hasta cumplir los 70. Entre los más dispuestos, ya sea por tradición o por condiciones laborales, se encuentran profesores –principalmente en el ámbito universitario–, médicos, jueces o consejeros de grandes compañías.

Hace tan solo unos días el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña obligaba a la Consellería de Enseñanza de la Generalitat a permitir a los profesores interinos jubilarse a los 70 años. Esta posibilidad de atrasar la edad de jubilación es real para los funcionarios, pero hasta ahora no estaba contemplada para los interinos. La sentencia sienta jurisprudencia para este colectivo de docentes.

En esa misma comunidad autónoma, el gremio médico tampoco está por la labor de «colgar la bata» antes de tiempo. Al menos así lo manifestaban desde el Consejo que agrupa a los Colegios de Médicos de Cataluña. ¿Su petición? Poder trabajar hasta los 70. Esta circunstancia, favorecida por una gran flexibilidad en la elección de la edad de retiro, ya se cumple en algunas especialidades, las más deficitarias de nuevos médicos.

Lo que ahora se pretende es ampliar esta medida y generalizarla al resto de áreas. Que el retiro se flexibilice y se pueda prolongar voluntariamente no presenta, en principio, ninguna desventaja. Todo lo contrario. Sobre el papel: a más años activo, más años de cotización y, por tanto, más pension. Todos son buenos datos para disminuir las cargas que tiene que soportar el sistema económico. Pero, si nos paramos un poco más, surgen las primeras dudas. ¿Qué pasará con el relevo generacional? ¿Y con la condición física y mental de un trabajador sexagenario?

En cuanto a la primera cuestión, Juan de Peñaranda, director de la consultora Michael Page, señala que, en su opinión, la reforma de las pensiones no supondrá demasiados cambios para el relevo generacional. «Es que eso ya sucede. Actualmente ya existe mucha gente con 30 años que todavía no ha trabajado y que lo va a tener muy difícil para llegar al mínimo de cotización. Ya están llegando tarde. Sin ir más lejos, existe un tipo de  contrato, el llamado contrato relevo, que prácticamente no se utiliza. Solo lo he visto tres veces en diez años de experiencia», dice Peñaranda.

En cuanto a que un trabajador mantenga sus capacidades intactas más allá de los 65, parece evidente que no se puede dar una respuesta que agrupe a todas las profesiones. «En las intelectuales sería más viable retirarse con más edad. Está claro que en los trabajos más físicos –un jefe de obra, por ejemplo– lo tienen más complicado», afirma el director de Michael Page.

Carlos Ibarreta, psicólogo especializado en temas laborales, y socio director de MDI Consultores, es de la misma opinion. «Hay profesiones que requieren un gran esfuerzo físico y/o psicológico y que no pueden ser llevadas a cabo por personas de cualquier edad», dice Ibarreta. Además, distingue los efectos entre quienes conservan las ganas de seguir trabajando y aquellos que lo hacen obligados por el retraso en la edad de jubilación. «Para los primeros hay efectos positivos muy claros: mayor valoración social y personal, conservación del poder adquisitivo,  mantenimiento de la actividad física y mental, etc. Para los segundos –centrándonos en los efectos negativos– hablaríamos de pérdida de motivación en el trabajo, exclusión laboral o dificultades en el manejo de expectativas».

La media está en los 63

Pero, ¿cuál es la edad real a la que se están jubilando los trabajadores en España? Según datos de la Seguridad Social esta barrera se sitúa algo por encima de los 63 años y, aunque la mayoría aguanta en su puesto hasta soplar las velas de los 65, hay un 40% de la población activa que opta por la jubilación anticipada, la otra cara de la flexibilidad por la que muchos  bogan ahora.

Por ejemplo, el sindicato ANPE solicita la jubilación voluntaria a los 60 para la docencia, «una de las profesiones más sujetas al desgaste psicológico», según ellos. Aunque el porcentaje de las jubilaciones anticipadas ha ido disminuyendo paulatinamente respecto a las que se producen a los 65, sus  datos totales han aumentado considerablemente. Como recuerda Peñaranda, «hoy en día lo de la prejubilación no es solo un tópico de la banca».

Algunos expertos señalan que habría que tomar medidas en torno a esta cantidad de retiros anticipados. Según el Informe Económico presentado por ESADE sobre las Perspectivas Económicas para 2011 «retrasar el periodo de jubilación anticipada de los 62 a los 65 años tendría una repercusión más importante a corto plazo que retrasar la jubilación obligatoria dos años, como se está proponiendo». Al menos, ésta es una de las soluciones hacia las que apuntan los autores del informe, Fernando Ballabriga y Josep Comajuncosa, que creen necesario hacer cambios para conseguir que el sistema de pensiones sea viable.

Propuesta similar hacen desde el Cuerpo Especial de Gestión de la Hacienda Pública (GESTHA), que apuesta por «articular incentivos para el alargamiento voluntario de la edad de jubilación, limitar las reducciones de plantilla en las empresas con beneficios y disminuir los coeficientes  reductores para la jubilación anticipada».

Pero si hay una propuesta original sobre la reforma de las pensiones esa es la que han ideado en la Universidad Jaume I de Castellón. Los investigadores de Sociología del Envejecimiento apuestan por un retiro a la carta, en el que sea el trabajador quien decida el momento –o momentos– más adecuados para descansar, no teniendo que disfrutarse obligatoriamente de este al finalizar la vida laboral. Así, se darían retiros temporales remunerados por cada cierto periodo de trabajo. Pero habría que ver la aceptación social de esta respuesta. La jubilación habitual está muy afianzada en España.