En ciertas áreas profesionales, especialmente relacionadas con la innovación y la tecnología o tremendamente especializadas, suele haber escasez de talento. El mentoring es una manera de proporcionar formación a las nuevas incorporaciones e ir construyendo una sólida cantera. Si tú ya cuentas con una dilatada trayectoria, puedes desempeñar un papel fundamental en la empresa haciendo de mentor o mentora.

Razones para tomar esta decisión no faltan. Puedes haber llegado a un momento de hastío profesional y esta nueva función quizá reactive tu motivación. Además, la empresa saca un beneficio directo, por lo que puede ofrecerte una contrapartida que te beneficie a ti. Por otro lado, si ya no se cuenta tanto contigo, esta podría ser otra forma de volver a ocupar una posición relevante en la compañía. Por último, afianza tus habilidades de liderazgo y esto también podría conllevar un ascenso dentro de tu empresa.

¿Qué se necesita para ser un buen mentor o mentora?

La primera característica, evidente, es que estés en un nivel de conocimientos y experiencia superior a tu mentee, es decir, a la persona a quien vas a mentorizar. A partir de ahí, solo hay que sumar unas cuantas cualidades que, ya solo por el hecho de haberte planteado este reto, es muy posible que las tengas de base.

Saber comunicar es una de ellas. No es necesario que tengas un máster en oratoria, simplemente que sepas expresarte con claridad, que notes que cuando te pones a explicar algo, la gente escucha y te presta atención. Si no has desarrollado mucho esta cualidad, también la puedes trabajar. Y dentro de los rasgos de personalidad, la calidad humana también es importante. Si te interesas por tu discípulo o discípula, por que aprenda hasta el punto de que ya no te necesite, habrás conseguido transmitirle algo de un valor incalculable que solo puede otorgar la maestría.

A la hora de manejar situaciones controvertidas, la inteligencia emocional puede salvar el momento. Es otra habilidad que conviene que desarrolles si quieres ser mentor o mentora. Y no reniegues de tus errores porque son en parte los que te han hecho ser profesional en lo tuyo. Menciónalos para que la persona a la que mentorizas pueda tomar cuenta de esta experiencia, aunque después le resulte inevitable repetirla, y la termine de integrar en su bagaje.

Diseña un plan de mentoring

Cómo diseñar un programa de mentoring

A la hora de plantearse cómo llevar a cabo un mentoring, es necesario generar una guía que puedas sistematizar para aplicar en el caso de todos discípulos que pasen por tu mentoría. El objetivo central es realizar un programa de desarrollo profesional que ayude a mejorar los resultados del mentee. Puedes basar tu guía en estos pasos:

1. Plantéate cuáles son los valores de la empresa. Puede que lleves tanto tiempo en ella que los hayas interiorizado y no tengas muy clara su definición. En tal caso, conviene que trates este punto con la directiva para transmitirlos de manera clara a tus aprendices.

2. Elabora un listado de tareas que definen el puesto sobre el que vas a realizar la mentoría. Esta puede ser una buena base para ir abordando temas de una manera organizada.

3. Trabaja tu presentación. La persona que cae bajo tu mentorizaje querrá saber qué posición ocupas en la compañía y cómo se ha desarrollado tu trayectoria profesional. Esta es la primera fase de la mentoría.

4. Observa el trabajo de tus discípulos sin entrometerte en su supervisión, salvo en el caso de que te hayan encomendado específicamente esta labor. Si tiene un mando al que reportar, este será quien se encargue de supervisar su trabajo. A partir de la observación es cuando puedes emitir un consejo, pero evita ser tú quien sanciones porque perderás la conexión de confianza con tu mentee.

5. Mide los resultados de tus mentorías y celebra los logros que van consiguiendo tus discípulos.