Alicia Jimenez

Alicia Jiménez, socia fundadora de Evolución 21

Parece ser que ya tenemos indicadores que nos hacen pensar que estamos saliendo de la crisis. ¿Será ya el momento de empezar a hablar de otros temas? Ya tenemos ganas, ¿verdad?

En el entorno laboral actual se exige a los trabajadores hacerlo fantástico. Ya no basta con trabajar bien, hay que hacerlo de lujo. Pero, ¿es suficiente? Estoy convencida de que la nueva excelencia ya no es sólo esto. Las empresas que alcanzarán el éxito serán aquellas que inculquen en sus trabajadores la cultura del «hagámoslo más fácil». Esta idea, que tiene un punto altruista, es común en otros entornos.

Por ejemplo, cuando vamos de excursión a la montaña nos piden que no ensuciemos, nos dan incluso una bolsa para que metamos en ella la basura que generemos. ¿Cuál sería aquí el «hagámoslo más fácil»? Sencillo, que también nos lleváramos algo de basura que otros dejaron antes que nosotros. Ese paquete de tabaco pisoteado que alguien olvidó, esa botella arrugada que nos hace conversar sobre lo poco que cuida la gente el entorno… No cuesta mucho, pero, ¿cuántos lo hacemos? A mí me miran raro cuando lo hago y, simplemente, trato de que el siguiente que llegue pueda disfrutar también. Me siento bien así, soy una «facilócrata».

Algunas empresas con las que colaboro ya se han dado cuenta de que ya no es suficiente con hacerlo muy bien, tenemos, además, que preocuparnos por conseguir que las personas que den el siguiente paso del proceso tengan menos trabajo, que no pierdan un minuto por no hacérselo más fácil. Ese minuto es crucial.

Un comercial puede conseguir una venta por una promoción sin explicar qué condiciones tendrá el cliente cuando pase el período promocional. ¿Qué pasará después, cuando éste empiece a recibir las facturas con el precio normal tras los tres meses en promoción? ¿Qué pasará cuando se dé cuenta de que lo que le cobran incluye alguna instalación que no le explicaron? La probabilidad de que llame para reclamar será alta, generando trabajo a los compañeros de postventa y aumentando la probabilidad de cancelación tras el período promocional.

Cualquier proceso de una organización es susceptible de ser analizado bajo la perspectiva del «Hagámoslo más fácil», o «facilocracia», como me gusta llamarlo. Hasta ahora nos preguntamos cómo optimizar lo que hacemos, pero este concepto nos obliga a pensar qué comportamientos ayudan a darle menos trabajo al siguiente eslabón en la cadena de valor. ¿Y cómo hacemos esto? Preguntando, pensando en los demás, hablando con ellos. Cuando generamos el músculo de la «facilocracia», empezamos a funcionar de acuerdo con esta filosofía en todos los aspectos de nuestras vidas. Podemos decir que es el civismo extremo, y que también tiene que llegar al trabajo.

En general, necesitamos reflexionar más sobre lo que «haría feliz» a los que reciben el producto de nuestro trabajo. En algunos casos no serán más que detalles, pero esa preocupación por averiguar a cada paso qué hacer para «hacérselo más fácil» al siguiente, nos situará en la poderosa espiral de la facilocracia. ¿Se anima usted también a ser un «facilócrata»?