Por François Collin, director ejecutivo de la CEMS

En la crisis que atravesamos, estamos tentados a buscar ”culpables”. La instrumentalización de las finanzas de esta última década ha seguramente sido una deriva agravante, pero la postura de las escuelas de negocio va mucho más lejos que replantear sus cursos de finanzas. Sin embargo, se observa que la crisis refuerza las prácticas pedagógicas que van en el sentido de la educación «responsable» de los futuros titulados.

Sería falso ver las escuelas de negocio como un lugar de aprendizaje de técnicas financieras o de marketing únicamente. Hay que ver que las escuelas de negocios son como uno de los eslabones de la educación superior, con una misión educativa. Las clasificaciones, las estadísticas de salario de los titulados no deben olvidar que la misión de las universidades es, ante todo, ser un lugar de desarrollo de saber y de conocimiento. Sería bueno de resituar, hoy más que nunca, la educación superior en la tradición heredada de Sócrates, y de ayudar a los futuros dirigentes a interrogarse sobre la conducta humana, por el interrogatorio y la interrogación sobre el alcance moral de sus actos.

Somos muchos a pensar que la misión de la escuela de negocios no es proporcionar modelos, aún menos herramientas. Ésta debe desarrollar la capacidad de análisis crítico y la facultad de contemplar las consecuencias a largo plazo de las decisiones. Se trata de un ejercicio cada vez más complejo en el mundo actual, donde un dirigente debe anticipar permanentemente la interdependencia de lo económico, de la política, de la ecología y de la ética.

Cada vez más, los planes de estudios universitarios integran cursos proporcionados por otras disciplinas: ciencias humanas y sociales, ciencias políticas, relaciones internacionales. Integradas a menudo en las universidades multidisciplinares, es muy fácil para las escuelas de negocios de abrir la cartera de los electivos. Los dobles diplomas se multiplican con disciplinas complementarias. Hoy, los estudiantes piden ir más lejos y de preveer cursos sobre el cambio climático y sus consecuencias. La cuestión ecológica va a conducirnos a replantear numerosas enseñanzas.

No se trata solo de introducir talleres de ética o de «responsabilidad social corporativa». Por supuesto, este tipo de modulo se desarrolla en los programas. Pero es mucho más interesante ver dentro de las escuelas que se pide a los profesores integrar, cada uno en sus materias (ya sea en finanzas o recursos humanos), un cuestionamiento sobre la responsabilidad ciudadana y la ética. La cuestión del sentido de la consciencia se convierte en un horizonte compartido por todas las disciplinas que constituyen las ciencias de gestión.