Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947), a pesar de su extensa  trayectoria como periodista – gran parte de ella en cargos de responsabilidad–, la realidad y sus deseos le han llevad o a ejercer con acierto –e, incluso, y para redondear la faena, reconocimiento– su profesión de escritor. Mucha radio, televisión y, siempre, literatura, como demuestra con su último libro hasta la fecha ‘También la verdad se inventa’ (Planeta), en el que un programa de radio nocturno sirve como pretexto para viajar por los recovecos del alma, por la identidad sexual. Mucho vivido, muchas historias contadas a telespectadores, radioyentes y lectores…Todo empezó desde que  era bien pequeño.

Lo de usted ha sido un claro ejemplo de precocidad laboral, ¿cómo ganó su primer dinero, y cuándo empezó a desarrollar su vena literaria?
¡Bueeeno –ríe-hace ya mucho tiempo de eso! En Bachillerato sacaba algún dinero, creo que unas 500 pesetas al mes, ayudaba en secretaría con las matrículas escolares. Por aquel entonces, ya tenía inquietudes literarias, y eso que no tenía antecedentes: mi padre era maestro; mi abuelo, médico… Recuerdo los emocionantes momentos que vivía en la biblioteca de los Jesuitas y cuando escribía mis libros de edición única, o colaboraba en la revista ‘Alcance’ para escolares. También cuando fui al periódico ‘La Hoja’, con mi pantalón corto, y cómo les hizo gracia a aquellos señores conocer las intenciones de un chico tan tímido como obstinado.

Y no tardó en aparecer la radio, a la que dedicaría muchos años de su vida…
Antes, ya había conseguido ganar algo con mis colaboraciones en ‘El Día’, donde conseguí tener un hueco en una sección fija en la que ni me imaginaba estar, porque tenía a compañeros ilustres… En el caso de la radio, con unos 17 años logré ingresar en Radio Juventud, gracias a un programa del colegio y a que había tenido buenos maestros de locución [Delgado también pasó por el Conservatorio de Música y Declamación]. Estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, y no me podía quejar: pude comprarme un coche antes incluso de conseguir el carné de conducir. Ya en 1968 conseguí entrar en RNE Canarias por oposición, como locutor.

¿Imaginaba que tendría que dedicar, con el tiempo, más energías a labores administrativas y de dirección de equipos que a la propia creación periodística y literaria?Eso, sí, mientras tanto ganaba premios literarios…
Bueno, he tenido premios, pero, (sonríe) cuando uno empieza quiere ser Premio Nobel y luego la cosa no es para tanto… En cuanto a lo que dices sobre mi trabajo como organizador, director, etc., supone lógicas tensiones, pero tiene una parte interesante e ilusionante. Por ejemplo, en 1970 me trasladaron a Madrid a la sede central, donde pude trabajar como jefe de programas para América, después jefe de programas de Radio Exterior de España, participé en la creación de Radio 3… El tardofranquismo y la transición me permitieron participar activamente en la creación de un nuevo modelo radiofónico, en la adaptación al nuevo estado de las autonomías. Fue duro, sí, porque esas labores implicaban ajustes, esfuerzos para rentabilizar, sustos y disgustos…

Y entonces llegaron las etapas en RTVE y la SER, que fueron el prólogo a su actual etapa como escritor ‘a tiempo completo’…
La verdad es que me resistí bastante a dar el paso al otro lado de la pantalla, porque había hecho algo esporádicamente y me espantaba verme, era un horror. A mí me hubiese gustado ser corresponsal en Roma. Pero, bueno, acepté y procuré darle a los Telediarios de fin de semana un enfoque, digamos, sociocultural, una mirada personal sin desdeñar, lógicamente, la actualidad. Y de ahí a la radio de nuevo, que coincidió con una época en la que no tenía nada y no quería estar de brazos cruzados. En la SER, al final, estuve 9 años los fines de semana –con ‘A vivir que son dos días’- y fue una experiencia interesante, gratificante.

¿Ha llegado a lo que deseaba con esta etapa como escritor?
Ha sido una evolución lógica, en algo que no he dejado nunca de hacer [ganó el Premio Planeta en 1995 con ‘La Mirada del otro’, también ha publicado poesía…]. Siempre me he juntado más con escritores que con periodistas, estoy muy orgulloso de ser escritor, y disfruto tremendamente con mis horas de lectura y escritura diarias. Y puedes permitirte todo tipo de viajes mentales: en ‘También la verdad se inventa’ reflexiono sobre lo que queremos imaginar que somos –y que nos reconocemos mejor cuando nos inventamos–, y ahora estoy zambullido en la época de Felipe II, no tanto por pensar en una novela histórica, sino en una historia de amor de Santa Teresa de Jesús.

Y desde su experiencia como columnista y conferenciante, ¿qué opina sobre la situación actual? ¿Cuánto tardaremos en salir de la crisis?
Soy pesimista, en un mundo en el que se dice que «los mercados se están portando irracionalmente», como si los políticos no tuviesen culpa. Se ha jugado con el pan de la gente, hemos sufrido una sacudida moral de la que tardaremos tiempo en recuperarnos, en lo que debe ser un cambio de época.