Cayetana Guillén Cuervo, actriz y presentadora

Es actriz casi por genética. Hija de Fernando Guillén y de Gemma Cuervo, Cayetana (Madrid, 1969) empezó ante las cámaras cuando aún era una adolescente, como«alumna» de la actriz Ana Diosdado. Su rostro es reconocible por su faceta televisiva, pero ha hecho teatro clásico y es una intérprete asidua de la gran pantalla. Ahora vuelve a subirse a las tablas con «Amar entiempos revueltos», una obra que es, según la actriz, «un homenaje al teatro».

¿Cuál fue su primer trabajo remunerado?
Con 15 años, una serie para TVE que dirigía Pedro Masó, «Segunda enseñanza». Ahí empezamos todos: Javier Bardem, Aitana Sánchez Gijón… También estaban Maribel Verdú y Jorge Sanz, aunque ya habían hecho cosas más pequeños. Pedro Masó nos sacó de los castings a una generación que hemos seguido currando 20 años después.

¿Cómo llegó esa primera oportunidad?
Hice pruebas. No recuerdo cómo me enteré del casting, pero sí recuerdo que mis padres, el día de reyes, me pusieron un sobre en el árbol de navidad con la separata del primer guión. Lo abrí y ví mi personaje. Les habían comunicado a mis padres que me habían cogido, porque yo tenía 15 años. Y ya no dejé de trabajar. A partir de ese momento, mi padre me dijo «si has empezado a trabajar, te empiezas a pagar tú los estudios». Así que ya me pagué segundo y tercero de bachillerato, COU y la carrera.

En ese primer momento, ¿pesan los apellidos?
Con los apellidos, la gente te recibe con cariño para hacerte las pruebas porque has crecido en sus rodillas. Igual que a mi hijo Leo, si dentro de 15 años decide dedicarse a esto, serán mis amigos quienes le hagan el casting. Pero si el chico no lo hace bien, no le van a coger. Digamos que tienes el privilegio de optar  a una agenda, pero a partir de ahí estás solo. Las cosas caen por su propio peso. También te exigen unos conocimientos y una capacidad que no tienes por qué tener. Tienes una responsabilidad de responder a ese contacto al que accedes que también angustia mucho.

Deduzco que su hijo va a continuar la saga…�
Mi hijo tiene cuatro años, pero dice «mamá, voy a hacerte el espectáculo». Hemos ido varias veces al Circo del Sol y está obsesionado con los actores de circo. Está todo el rato haciendo equilibrios, quiere que le apunte a una escuela de circo…

Estudió Ciencias de la Información. Los medios de comunicación, el periodismo, ¿es algo vocacional?
Pues me encanta escribir,  he escrito siempre y pensé que la carrera te fomentaba esta aptitud. Después he visto que no. Para ser periodista, la carrera realmente no sirve. Es una carrera de formación general. Sin embargo, a mí me encantó ir y me parece que estudiar es fundamental hagas lo que hagas en la vida.Y, después, me ha servido de mucho. Haber estudiado Periodismo me ha permitido tener mis colaboraciones y mis trabajos sin que nadie me cuestione. Yo no me considero una periodista a pie de calle, lo que hago son siempre colaboraciones que tienen que ver con el mundo de la cultura y del cine, pero sí me permite hacer mi labor como comunicadora sin intrusismo.

Además, tal y como está el patio televisivo, usted tiene su oasis cultural en La 2.
–Me parece el milagro. Me siento una privilegiada absoluta. También te digo que, cuando he tenido varias opciones  encima de la mesa, las he dejado pasar por quedarme ahí. Es un rincón que, mientras dure, será un milagro, pero a base de no bajar la guardia, de mucho trabajo y de haber apostado por ello como forma de vida.

¿Cómo se llevan esas temporadas que tienen los actores de estar pegados al teléfono esperando que les llamen?
Eso es lo peor del mundo. Yo lo he vivido en mi casa con mis padres, que tienen setenta y muchos años y todavía están ahí esperando sobre el  teléfono. Eso te ataca a la autoestima, directamente. No puedes estar tan débil, tan frágil ante los demás, ante los vaivenes de la vida. Como yo eso lo vi en mi casa, donde hemos pasado etapas de muchos altibajos, y lo viví de niña con mucha angustia, tuve muy claro que tenía que diversificar mi actividad. Si yo hubiera sido sólo actriz habría tenido muchos parones. Hacer muchas cosas es lo que me ha permitido tener una continuidad laboral. Yo soy mi propia empresa, mi propio motor, yo soy quien genera el trabajo y, quizá por eso, he tenido tanta capacidad de trabajo desde tan pequeña.  A mí me hicieron mayor de edad con 16 años, ante notario, y me independicé con 18, porque desde los 15 he trabajado sin parar.

¿Cuáles son sus maestros?
Iñaki Gabilondo, sin duda, que me fichó muy pequeña y estuve ocho años a su lado. Y fue una de las personas con las que más he aprendido en mi vida. De su sabiduría, de su templanza, de su capacidad de trabajo, su forma de dirigir un equipo… También mis padres, porque luego, a lo largo de la vida, te das cuenta de todo lo que te van calando sus comentarios, sus actitudes… Adolfo Marsillach también lo fue, porque entré muy joven a la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Era una manera de trabajar muy disciplinada y me formó mucho.