Carla Royo-Villanova, empresaria.

Desde el principio, su carrera ha estado vinculada a la moda y la comunicación. Aunque todo el mundo podría pensar lo contrario, Carla Royo-Villanova (Valladolid, 1969), empresaria, escritora y asidua colaboradora en prensa, no tuvo unos comienzos fáciles. En 2008, se embarcó en su propia empresa de cosméticos, Carla Bulgaria Roses Beauty, por la que sigue luchando frente a viento y marea.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?
Fue como azafata de congresos mientras estudiaba Derecho. Lo hacia para sacarme un dinero para los fines de semana y sentirme un poco más independiente de mis padres. Sin embargo, mi primer empleo con horario y sueldo fijo fue, nada más terminar la universidad, en una empresa de decoración. Me contrataron como directora de comunicación, para cambiar la imagen de aquella marca. Allí estuve dos años.

¿Cómo fue la experiencia?
Aprendí mucho. Además de las relaciones con la prensa y la comunicación, aprendí mucho de temas de franquiciado. Yo hablaba inglés y francés y esta empresa se encontraba en plena expansión, así que yo participé activamente en ese proceso de internacionalización de la firma. Era la encargada de visitar las franquicias en diferentes ciudades y de hacer los informes. Eso me permitió conocer a mucha gente y tener un trato muy variado y muy interesante. Lo que sucedió fue que, cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, decidieron aprovechar mi baja laboral para poner a la mujer de uno de mis jefes en mi puesto, pero lo peor fue que me lo comunicaron con muy malas formas. Yo pensaba que todo era por ser mujer, por tener un bebé. Fue el primer palo laboral. Para mi supuso una depresión bastante fuerte porque yo en esta empresa dejé muchas horas, mucha ilusión y mucho esfuerzo.

¿Hizo algo al respecto, fue a los tribunales?
Pues no. Intenté hablar con ellos, pero de muy malas maneras me dijeron que fuera a los tribunales si no estaba de acuerdo. Mi marido, sabiamente, me recomendó que no lo hiciera. Era mi primer puesto de trabajo, yo apenas tenía 26 años, y me podían colgar el sambenito de «monta pleitos». Pasé unos meses muy baja de ánimos. A partir de ahí, me comprometí conmigo misma a no trabajar para nadie y a no implicarme en la empresa de otro como me había implicado en aquella, así que me hice autónoma. Algunas amigas empezaron a meterme un poco en el mundo del estilismo. Me enseñaron el oficio y poco a poco me fui metiendo también en prensa. Pero siempre les estaré agradecida.

Estuvo mucho tiempo llevando la comunicación de la firma Pedro del Hierro.
Sí, pero eso fue muchos años después. En aquella época puse en marcha un negocio de montajes efímeros, C + C, con una socia. Hacíamos reportajes y montajes para revistas, pero también presentaciones, cenas, pasarelas, escaparates… Así estuvimos durante 8 años, hasta que nació mi hijo pequeño, Tirso. Entonces tuve que dejarlo por recomendación médica, ya que era un trabajo que requería un esfuerzo físico muy importante. Después de nacer Tirso fue cuando me contrató Pedro del Hierro, donde estuve 6 años, hasta que monté mi propia compañía. Mi socia todavía sigue con esa empresa.

Ahora es empresaria de su propia línea cosmética, ¿cómo ha sido llegar hasta aquí?
Fueron cinco años muy difíciles, de 2003 a 2008. Yo estaba trabajando en Pedro del Hierro, pero, por suerte, tenía la ayuda de mi padre. Él era el que iba haciendo todas las gestiones burocráticas. Pero fueron unos años muy difíciles, durante los que tuvimos que quitar muchos palos de las ruedas. No hay información completa y unificada sobre cómo montar una empresa cosmética. Todo lo teníamos que ir investigando e ir buscando en diferentes sitios. Había mucha burocracia de por medio. Además, el mundo cosmético es de por sí complicado. Pero nunca perdimos la ilusión. Sabíamos que nuestro producto era muy bueno y que tenía posibilidades de salir adelante. En 2008 dejé totalmente Pedro del Hierro.

Es una empresa por la que usted ha llegado, incluso, a hipotecar su casa.
Sí. Cuando tuve que ir a los bancos a pedir el préstamo para hacer la inversión inicial pusimos nuestra vivienda como aval para conseguir el crédito. Pero agradezco al Banco Spirito Santo la confianza que tuvo en nuestra empresa.