Mercedes Sancho, hoy directora de su propia consultoría de recursos humanos, todavía se confiesa enamorada de los idiomas y la docencia. Estudió Filología Inglesa por vocación, pero «los avatares de la vida» -expresión que ella misma utiliza para referirse a su cambio de rumbo profesional- la hicieron caer en una compañía aérea, en un departamento del que por entonces, 1986, ni siquiera había oído hablar: recursos humanos. «En el último curso de carrera, el profesor de Literatura Inglesa nos dijo que en Iberia buscaban gente con inglés. Toda la clase nos presentamos a los exámenes, en teoría para trabajar como agente de atención en tierra. Sin embargo, al ir a firmar el contrato me ofrecieron un puesto de asesoría de personal -así era como se llamaba entonces- que me permitía seguir con mi trabajo de profesora de inglés para alumnos que se preparaban la Selectividad». Pronto lo que iba a ser una ocupación meramente alimenticia y eventual se impuso a su primera vocación y empezó una exitosa carrera en la dirección de recursos humanos. Tras adquirir unos años de experiencia y consolidarse en esa función, Sancho hizo un máster. «Quería tener una formación teórica que me diera seguridad. Para mí un máster te afianza y tiene una gran utilidad en el cambio de trayectoria».

Como ella, miles de titulados universitarios recurren cada año a la fórmula del máster con la esperanza de empezar de nuevo. Algunos -desengañados de carreras con pocas salidas- buscan mejorar sus posibilidades de empleo en otros campos; otros, con más experiencia y edad, quieren dar un giro a su carrera y, para evitar el sobresalto de un aterrizaje sin paracaídas, recurren a un máster. «La reorientación de carrera pasa todos los días, y no sólo entre los de 25 años, también entre los de 40. Unos y otros utilizan el posgrado como una herramienta para cambiar de trabajo. Los más mayores, sin embargo, suelen tener más claro hacia dónde quieren ir, mientras que alguien que termina la carrera no sabe buscar exactamente esa especialidad», afirma Ana Carballal, directora de la empresa Orienta-t, que ofrece servicios de orientación académica y profesional.

Ni hablar de fracaso
Pasado el tiempo donde no ejercer de aquello para lo que se había estudiado se consideraba un fracaso, desde la propia universidad abogan por la flexibilidad en la gestión de la trayectoria profesional. «Un puesto de trabajo puede estar ocupado competentemente por personas de varias carreras, y una misma carrera puede preparar para muchos puestos», asegura el catedrático de la Universidad de Valencia José María Peiró, que fundó y dirigió hasta hace unos meses el Observatorio de Inserción Profesional y Asesoramiento Laboral (OPAL) de su universidad.

¿Quién dice que un diplomado en Turismo no puede hacer un máster de español para extranjeros o que cualquier licenciado con madera de vendedor no puede probar suerte en un campo tan abonado de ofertas como la dirección comercial? «La sociedad todavía está en el esquema de la media naranja, pero este planteamiento es un error. Tienen que ganar los que ven oportunidades donde otros sólo ven problemas. ¿Por qué un periodista no puede formarse y hacerse un hueco en el mundo de la informática? Eso es lo que hacen los pioneros, adelantarse a lo que serán los planes de estudio de las nuevas carreras», sostiene Peiró, que dirige el Máster Erasmus Mundus en Psicología del Trabajo y participa en el de Gestión y Dirección de Recursos Humanos de la Universidad de Valencia. En este último, estudian codo con codo titulados en Administración y Dirección de Empresas, Geografía o Humanidades que, tras haber superado «unos cursos de nivelación», quieren hacer carrera en un área a la que nunca pensaron dedicarse y que, sin embargo, aprecia muchísimo los estudios de posgrado.

Según los datos de la última edición del Informe Infoempleo, recursos humanos es, tras asesoría jurídica, el segundo departamento de la empresa donde más se valoran los programas máster. A RR.HH. le sigue márketing, otra área funcional cuya especialización se puede cubrir con un máster.

Para que el tránsito de un puesto a otro, sobre todo entre los veteranos, no sea costoso, Peiró insta a los empleadores «a descubrir el potencial de una persona que es capaz de reciclarse». «Esas personas que son capaces de ver oportunidades de desarrollo, y de aprovecharlas, a los 45 años son muy interesantes para las empresas, que deben estar atentas para su selección», declara.