La juventud europea está pasando por uno de los momentos más complicados de su historia. La generación que hoy tiene entre 18 y 25 años se enfrenta a unas tasas de desempleo inéditas y ve el futuro con una desconfianza que no es coherente con su alto nivel de formación, el más elevado de la historia. Y aunque en algunos países de la Unión Europea la crisis está dando sus últimos coletazos, el tema del empleo juvenil sigue siendo para ellos un quebradero de cabeza. «La crisis no ha terminado en el tema del empleo juvenil», asegura Christiane Westphal, coordinadora de Política de la Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión de la Comisión Europea, que la pasada semana participó en la conferencia «Desempleo juvenil», organizada por el Consejo Económico y Social (CES) y el Comité Económico y Social Europeo (CESE).

Las cifras ofrecidas por Westphal subrayan sus palabras. En el tercer trimestre de 2010 había un 20,5% de desempleo juvenil en Europa, o, lo que es lo mismo, 5,2 millones de jóvenes estaban en el paro. «Nunca hemos tenido tanto», valora Westphal, que añade más problemas al grupo demográfico de entre 18 y 24 años: disminución de los ratios de actividad e incremento del desempleo de larga duración y del abandono escolar.

Sin embargo, aclara Westphal, hay diferencias en la Unión Europea sobre el desempleo juvenil. Es cierto que ha afectado a todos los países, pero en España, Eslovaquia o las repúblicas bálticas los datos han sido peores, mientras que en Austria, Países Bajos y Alemania no ha habido incremento del paro juvenil. Y también hay diferencias por sexo. Los varones han sido los más afectados, «por la caída de algunos sectores, como el de la construcción», explica la funcionaria europea. Sin embargo, las mujeres no se salvan: el desempleo va incrementándose poco a poco pero de forma estable.

Todo ello está provocando una paradoja, según explica Luca Scarpiello, vicepresidente del Foro Europeo de la Juventud, que también participó en la conferencia en el CES: «Se trata de la generación más preparada, pero con el nivel de dinamismo social más bajo, es decir, las posibilidades de que mejore su calidad de vida. En estas paradojas los jóvenes no encuentran su rumbo».

La media de jóvenes que ni estudian ni trabajan en Europa es del 12,9%. Las cifras las ofreció Juan Menéndez-Valdés, director de la Fundación Europea para la mejora de las condiciones de vida y trabajo (EUROFOUND), también esta semana en la conferencia sobre desempleo juvenil en Europa. Sin embargo, señala que bajo la etiqueta de «nini» se despliega una serie de grupos heterogéneos, desde  jóvenesdesempleados a individuos inactivos que nunca han dado un paso hacia la actividad laboral o desempleados desanimados que han dejado de buscar empleo.

El fenómeno no se ha dado igual en toda Europa. En Holanda hay un 4% de «ninis» y, en España, más de un 18%. «Si nos ceñimos al grupo de entre 20 y 24 años, en el caso de España 1 de cada 4 jóvenes estaría en esta situación de ausencia del empleo y de educación», explica Menéndez-Valdés.

El EUROFOUND está intentando hacer un estudio de los costes económicos y sociales de los ninis –«neets» en inglés– en la actualidad en la Unión Europea. En cuanto a los costes económicos, el EUROFOUND está teniendo en cuenta únicamente las ayudas y los subsidios que están recibiendo estos «ninis» y los costes de recursos, la pérdida para la economía. La cifra  preliminar no es nada desdeñable: los «ninis» le cuestan a la Unión Europea unos 100.000 millones de euros.

Pero la alta incidencia de jóvenes que ni estudian ni trabajan también tiene unos costes sociales. «Los jóvenes que se encuentran en este grupo están menos interesados en los temas políticos, es menos probable que voten y que participen en la sociedad cívica y tienen menos niveles de confianza», observa Menéndez-Valdés.

El caso de España

En los cuatro últimos años el empleo de la población joven española ha disminuido en más de 1 millón de personas, hasta situarse en el 44%, el doble que la media europea. Pero es que antes de la crisis el desempleo juvenil de nuestro país era del 10%, con lo que se ha cuadruplicado.

Jesús Ferreiro Aparicio, profesor de la Universidad del País Vasco, ofreció una posible explicación a este panorama durante la conferencia en el CES: «El ajuste del empleo de España se hace a costa del empleo joven porque es una población que no tiene cargas familiares. En un momento dado, despedir a trabajadores con cargas familiares está peor visto».

Pero el profesor Ferreiro ofrece más claves. Entre ellas, el carácter cíclico y coyuntural unido a la actual situación económica; una razón institucional, que hace que la respuesta del empleo ante los devaneos de la crisis sea más alta que en otros países; y estructural, ya que se registran altas tasas de empleo juvenil independientemente del ciclo económico en el que estamos.

Pero también está existe, según Ferreiro, un problema educativo. «En la empleabilidad de la población joven –dice Ferreiro- nos encontramos con un problema de sobrecualificación. Es muy difícil casar la demanda y la oferta de cualificaciones existentes en España».