El estatuto del trabajador autónomo recoge una figura específica entre los trabajadores autónomos, que cuenta con un régimen jurídico propio y diferenciado, y que se sitúa entre la frontera entre el trabajador autónomo y el trabajador por cuenta ajena. Me refiero al autónomo económicamente dependiente. Voy a necesitar varias entradas para explicar en qué consiste, así que en este primer artículo voy a dar unos matices generales para que los lectores puedan situarse.

Según el Estatuto de los Trabajadores Autónomos de 2007, los trabajadores autónomos económicamente dependientes “son aquéllos que realizan una actividad económica o profesional a título lucrativo y de forma habitual, personal, directa y predominante para una persona física o jurídica, denominada cliente, del que dependen económicamente por percibir de él, al menos, el 75 % de sus ingresos por rendimientos de trabajo y de actividades económicas o profesionales”.

Según el Estatuto, para que un autónomo pueda ser considerado como económicamente dependiente deberá reunir, en resumen, las siguientes condiciones:

1. No podrá tener trabajadores contratados ni externalizar toda o parte de su actividad.

2. No ejecutará sus servicios de forma indiferenciada de los trabajadores por cuenta ajena contratados por el cliente principal.

3. Dispondrá de infraestructura productiva y material propios, necesarios para el ejercicio de la actividad e independientes de los de su cliente.

4. Organizará su trabajo en función de su propio criterio, por eso es trabajador autónomo, sin perjuicio de seguir las indicaciones técnicas del cliente.

5. Percibirá una contraprestación económica en función del resultado de su actividad (retribución variable).

6. No podrá ser titular de locales comerciales o industriales ni de oficinas o despachos abiertos al público.

7. No ejercerá la profesión conjuntamente con otros mediante sociedades u otra forma jurídica.

Una vez que se han aclarado estos puntos, ya se puede distinguir del que algunos expertos en materia laboral denominan como el falso autónomo, figura que utilizan algunas empresas para contratar a trabajadores por cuenta ajena bajo el contrato de autónomo. Es decir, un trabajador cuyo horario está marcado por la empresa, su retribución es básicamente fija y no tiene autonomía para organizar su trabajo, además de no utilizar ningún elemento de trabajo propio. Este tipo de trabajador no es un autónomo económicamente dependiente ni siquiera un autónomo a secas.

Es un trabajador por cuenta ajena contratado en fraude de ley como trabajador por cuenta propia. Por tanto, los trabajadores que se encuentren en esta situación han de exigir su contratación en base al Estatuto de los Trabajadores. Es más, en el próximo post analizaremos el tipo de contrato que ha de firmar un trabajador autónomo dependiente para que no haya dudas.