Hasta hace poco, la cultura popular asociaba el estrés a la actividad febril de los ejecutivos. El cine ha exhibido hasta la saciedad la imagen de ese directivo que ordena un último cambio en su agenda antes de coger el avión, donde desenfunda el portátil para preparar esa reunión que le aguarda en destino. “Y eso es cierto, pero, además, últimamente se ha evidenciado que el otro estrés, el de aquel que se queda sin trabajo, el de la gente que llega angustiada a fin de mes, el estrés de tener que sobrevivir para salir adelante, también produce enfermedad cardiovascular”. Las palabras de Lina Badimon, directora del Centro de Investigación Cardiovascular, ponen el dedo en la llaga e insisten en el mensaje que difundió la Organización Mundial de la Salud (OMS) a comienzos de esta crisis, cuando el derrumbe de Lehman Brothers hacía presagiar una oleada de suicidios similares a la del Crack del 29.

Entonces la OMS alertó de que la crisis económica produciría más estrés, depresión y desórdenes mentales, pero también precisó que el cóctel más letal y explosivo surge de la combinación de estos trastornos con situaciones de desempleo y exclusión social. “El estado de salud empeora a medida que los indicadores de posición socioeconómica lo hacen. Cuanto mayor es la cualificación en el trabajo, mejor es el nivel de salud”, confirma Lucía Artazcoz, directora del Instituto de Servicios a la Comunidad de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), donde han documentado que los trabajadores no cualificados tienen más problemas de salud mental, dolores de espalda y cabeza; fuman más y tienen mayor tendencia al sobrepeso.

estrés

Al tiempo que cifran en un 39% la reducción de bajas laborales en 2009, los profesionales que integran la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) certifican que han aumentado los casos de ansiedad relacionados con el trabajo.

Jesús de la Gándara, jefe del servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, identifica dos tipos de pacientes cuyo número ha crecido con el deterioro económico: “Han aumentado los trastornos entre los que viven una gran situación de desprotección social y entre los pequeños empresarios y autónomos”.

Artazcoz también apunta que no hay una relación directa entre desempleo y problemas de salud; más bien este vínculo viene determinado por factores intermedios, “como las prestaciones por desempleo, que constituyen un elemento protector, y el hecho de que el parado sea o no el principal sustentador económico de la familia”.

A corto plazo, los primeros síntomas del estrés laboral son los ansioso-depresivos. “En un nivel más alto de malestar se puede llegar al abuso de sustancias, alcohol, tabaco, café… Y, por último, al suicidio”, explica de la Gándara, que resume en una sigla, SIN, el cuadro clínico de las personas que necesitan ayuda. “La ‘S’ hace referencia al sufrimiento; la ‘I’ es la incapacidad, porque ya no puedes dormir, comer o divertirte, y la ‘N’ es necesidad, de beber, fumar, de pastillas. Cuando se cumplen los tres requisitos, ese señor está enfermo”.

Hace un par de años, el Instituto de Atención Psiquiátrica del Hospital del Mar de Barcelona confirmó que la ansiedad aumenta el riesgo de padecer alergias, cardiopatías, hipertensión y enfermedades osteomusculares. En el plano de la salud mental, De la Gándara, autor de ‘Angustia y ansiedad: causas, síntomas y tratamiento’, advierte de que el estrés intenso y crónico, que se alimenta de incertidumbres y de un pesimismo duradero, es muy dañino para el cerebro, porque destruye neuronas. “Hay que evitarlo y tomárselo muy en serio”, alerta el psiquiatra, que diferencia entre este tipo de estrés, malo, y el que tiene una utilidad adaptativa y sirve para atenuar o resolver el problema que lo motiva.

La versión oficial dice que la incertidumbre sobre el futuro provocó una cadena de suicidios —hasta 40— entre los trabajadores de France Telecom. Dos años después, tan desgraciados sucesos han propiciado cambios en la dirección. Por ejemplo, un tercio del variable de los 1.100 directivos dependerá del grado de satisfacción del equipo.

Artazcoz puntualiza que el estrés laboral no sólo es consecuencia de la carga de trabajo. “También depende en buena medida del control que se tenga sobre él. El nivel de control, que es superior entre los empleados con cualificación, incluye autonomía, oportunidades de desarrollo y participación en la toma de decisiones. Y otra cuestión que influye decisivamente en el estrés laboral es el equilibrio entre el esfuerzo y la compensación que se recibe”.

Frente a la compensación —que engloba tanto el reconocimiento como el salario adecuado al esfuerzo y la certeza sobre el futuro— se alzan la inestabilidad, los cambios no deseados y la falta de perspectivas, todos ellos factores más habituales entre los trabajadores de baja cualificación.