En el curso académico de 2009, teniendo en cuenta únicamente las enseñanzas no universitarias, un 2,1% del alumnado -dato del Observatorio estatal de la Discapacidad– tenía necesidades educativas especiales. Detrás de esta cifra existen casos con unas necesidades y una adaptación distinta y estos estudiantes deben contar con las herramientas necesarias, teniendo en cuenta sus necesidades específicas.

Además de medidas gubernamentales y educativas, las TIC–Tecnologías de la Información y la Comunicación- juegan un papel muy importante. Hace unos días, el secretario de Estado de Educación y Formación Profesional presentaba junto a la ONCE un ebook accesible para personas con discapacidad. Ha sido diseñado para favorecer la competencia lectora y recoge textos del centro virtual www.leer.es, con claves para favorecer esa comprensión.

Como nos indica Gracia Santiago, jefa del Departamento de Atención Educativa de ONCE, en esta ocasión la presentación aludía al contenido del libro: «La herramienta no es la que proporciona, en la mayoría de los casos, la accesibilidad, es el software el que tiene que estar preparado para que dichas herramientas permitan al alumno la interactividad respetando sus necesidades».

Incide, así, en la idea de que crear un software educativo accesible es imprescindible para que los alumnos, además de entender el contenido, puedan manejarlo. Las personas con discapacidad de tipo intelectual suelen presentar más problemas con el software que con el hardware, es decir, que se pierden entre tanta, y a veces tan confusa, información que se puede encontrar, por ejemplo, en la Red.

Uno de los colectivos que más difícil lo tienen para trabajar con las TIC son los deficientes visuales. Los revisores de pantalla pueden ayudarles, ya que interpretan la pantalla a través de una línea Braile en el teclado. El grupo  ACCEDO –Accesibilidad a Contenido Educativos Digitales de la ONCE–trabaja asesorando, investigando y participando en eventos destinados a gestionar la accesibilidad de los recursos digitales con fines educativos.

«Existen herramientas de acceso apropiadas para cada necesidad, complementarias a la tecnología que facilitan el manejo de la misma», indica Gloria Santiago. Se refiere a pulsadores o ratones ergonómicos, auriculares de gran potencia, tabletas digitalizadoras… Todos ellos, recursos creados específicamente para este fin, pero que se pueden complementar con otros disponibles en el mercado general e igual de útiles para estas personas: teclados de colores, cámaras web, joystick…

El Ministerio de Educación también ha colaborado en el proyecto del ebook y se ha comprometido a seguir trabajando, en el Programa Escuela 2.0, en la adaptación de los recursos que ofrecen las TIC. Este programa ha sido creado para fomentar las aulas digitales en los centros educativos, así como garantizar la conectividad a  Internet. Un paso hacia la familiarización de los estudiantes con estas tecnologías que ahora tendrá que ampliarse de cara a aquellos afectados por alguna minusvalía. En caso contrario, como señala Gracia Santiago, «estaremos abocando a los niños con discapacidad a la exclusión educativa».

Estudios superiores

La presencia de estudiantes con alguna deficiencia que alcanza la universidad es algo inferior a la cuota de la educación no universitaria. Casi la mitad de aquellos que lo consiguen lo hacen a través de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Empezando por facilitar el acceso, la adaptación a los exámenes y los trámites de matrícula, UNIDIS –Centro de Atención a Universitarios con Discapacidad– trabaja para gestionar esta adaptación gracias a intérpretes, equipos individualizados de Frecuencia Modulada o subtitulando el material audiovisual.

En el libro «Atención a los estudiantes con discapacidad en la Universidad», de la editorial de la UNED, se especifican las adaptaciones y subadaptaciones de las que dispone la institución. Estas tienen en cuenta el acceso a las instalaciones, plazos para exámenes y trabajos, materiales de consulta y, por supuesto, otras herramientas de carácter tecnológico.Valga como ejemplo la disponibilidad de software adaptado –Jaws, Zoomtext, Magic–.

En la introducción de este libro se argumenta que «la exclusión no es algo que dependa de forma principal de las condiciones personales de los individuos, sino de la interacción de estas condiciones con determinadas políticas, prácticas y actitudes sociales discriminatorias». Todo sea por seguir derribando obstáculos, aunque parece difícil conseguirlo al mismo ritmo al que se producen los avances en el ámbito tecnológico.