Cuida tu actitud

El empleado perfecto no existe. Todos tenemos nuestras virtudes pero también nuestros defectos. Sin embargo, en un momento tan complicado como en el actual, en el que todo se mira con lupa, es importante saber cuáles son esos errores o actitudes que pueden poner punto y final a nuestra trayectoria profesional en una empresa.

A continuación te presentamos algunos de esas actitudes no muy bien vistas por los responsables:

Falta de eficacia: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy y mantén una actitud positiva hacia el trabajo. Si vas acumulando trabajo al final tendrás que terminarlo todo deprisa y corriendo y los resultados no serán los esperados, o lo que es peor aún, tus compañeros deberán hacer parte de tus tareas  eso no te traerá más que problemas.

No te aproveches de la libertad de acción: Aunque tus jefes te den cierta libertad de acción en tus decisiones y organización del trabajo, no te aproveches, puede salirte muy caro porque mientras ellos te demuestran que pueden confiar en ti, tú les das muestras de que no pueden hacerlo.

Confundir informal con irrespetuoso: Como en cualquier sitio, en una empresa debes saber dónde están los límites que marcan la diferencia entre la informalidad y el ser irrespetuoso, y no rebasarlos nunca.

Hablar más de la cuenta: Las personas a las que las encanta el cotilleo en los pasillos, propagar rumores o criticar a sus compañeros, y que lo único que buscan es su beneficio propio terminan siendo descubiertas y rechazadas por compañeros y empresa.

Falta de iniciativa: las empresas modernas buscan contratar a empleados creativos, innovadores y con iniciativa. Personas que, si no están de acuerdo con las opiniones y directrices de sus superiores, sean capaces de cuestionarlas y plantear críticas constructivas.

Falta de motivación: aunque en algunos momentos no se esté a gusto con el empleo o la empresa hay que cuidar siempre la actitud porque la falta de motivación no pasa desapercibida. Los empleados desmotivados se convierten en quisquillosos y amargados, y se quejan ante el más mínimo contratiempo. Todo ello les convierte en los principales candidatos a la hora de posibles despidos.

Faltas constantes: hay empleados especialmente hábiles a la hora de buscar excusas para no ir a trabajar. Quien practica el absentismo reiterado puede pensar que con ello obtiene una ventaja pero en el fondo se está cavando su tumba profesional; hay empresas que incluso han recurrido a los servicios de detectives privados para acumular pruebas que justifiquen el despido del empleado.

● Excesiva ambición: el exceso de protagonismo, querer acumular todos los méritos del equipo y pretender escalar posiciones en la empresa a costa de los demás son actitudes que pronto harán que tanto superiores como compañeros, vean como un “trepa” a este trabajador. Las personas que actúan de esta manera suelen encontrarse con el tiempo aisladas y sin ningún apoyo dentro de la organización.

Individualismo: sus principales pautas de comportamiento son mostrarse seguros de sí mismos, hacer las cosas a su manera y expresarse de forma libre y desinhibida, ser muy críticos, desafiar continuamente la autoridad y trabajar mal en equipo. Aunque se trata de un perfil de trabajadores que también acostumbran a poseer muy buenas virtudes (les gustan los retos, son inteligentes, sinceros y muy exigentes consigo mismos), lo cierto es que no encajan muy bien en los grupos de trabajo, algo que muchas veces es un obstáculo insalvable para que su carrera profesional tenga un desarrollo positivo.