Chico tumbado resignado_1863397

Mucho tienen que mejorar aún los directivos, o al menos, aplicar las enseñanzas de los gurús de management para superar la más difícil prueba en habilidades de gestión: la de sus propios empleados. Según un estudio elaborado por la consultora Otto Walter, uno de cada cuatro trabajadores preferiría arriesgarse con un jefe nuevo antes de continuar con el actual. Una excepción del  «más vale viejo conocido» a la que, además, se le suma que un 30% de los consultados considera a su actual superior inútil para el equipo y que otro 25%  eleva esta consideración a la de «incompetente».

Pero, ¿dónde esta el error si, de un tiempo a esta parte la formación está encaminada precisamente a evitar estas situaciones? Muy sencillo. Comparando las respuestas entre mandos y empleados vemos que el problema radica en que los primeros no creen que tengan tan mala imagen en los segundos. Tras analizar las respuestas de los trabajadores de más de 4.000 empresas, la firma especializada en Recursos Humanos comprobó que la autoevaluación de superiores apenas coincidía en un 41% con la que previamente le habían hecho sus empleados. Más aún, de los 80 comportamientos analizados por el estudio pocos, por no decir ninguno, eran percibidos de igual manera; ni saben cambiar tan bien de opinión cuando es necesario, ni dedican el tiempo suficiente a sus equipos revela el estudio en el que también se pone de manifiesto que la mayoría de los jefes piensan que aportan más de lo que realmente lo hacen. Sólo se infravaloraron en un punto: en las reuniones y en el tiempo que dedican al equipo. Aquí, y paradójicamente, sus trabajadores les tienen en más estima que ellos mismos.

En cuanto a los peores aspectos del jefe desde el punto de vista del trabajador, son seis los que más destacan: la falta de reconocimiento, el excesivo estrés, el mal trato a colaboradores, el exceso de reuniones, la no existencia de directrices claras y  la negatividad. Dentro de este apartado conviene destacar que apenas un 60% ve reconocida su labor y que cuatro de cada diez siente que sus directores sólo ven sus errores. Sobre la relación personal con ellos, los resultados empeoran. El 44% cree que sus superiores no son capaces de reconocer sus errores y más de un tercio asegura que no controla sus prontos. Llegado a este punto, el director de Otto Walter, Paco Muro insiste en que «un mal día del jefe en el que perdió los papeles con su equipo deja heridas y marcas difíciles de cicatrizar. Más tarde o más temprano ese mismo jefe necesitará del esfuerzo especial de ese equipo y difícilmente podrá tener fuerza moral para exigirlo y, mucho menos, motivarlo». Sólo la tiene si, por el contrario, apela a su educación y lealtad, los únicos puntos positivos destacados del estudio que son valorados positivamente por un 82% y un 92% de los consultados.