Miguel Angel Zuil

Por Miguel Ángel Zuil, socio director de Boyden

Para la mayoría de las personas el gobierno corporativo de una organización es invisible hasta que falla. La dimensión del fallo nos indica la dimensión de los cambios requeridos para prevenir fallos similares en el futuro.

Superficialmente, el gobierno corporativo parece simple, pero detrás de esa superficialidad existe una gran complejidad de asuntos que afectan a la supervisión de la estrategia, a su implementación, a los resultados y al cumplimiento de la normativa y la política, que hacen que la labor de los consejeros no sea tan sencilla. Sin embargo, no siempre disponen de los instrumentos, del acceso a la información y del apoyo para llevarlo a cabo de manera efectiva y cumplir con la tarea encomendada por los accionistas.

Hasta el año 2002, con la promulgación de la ley de Sarbanes Oxley en Estados Unidos y la corriente normativa que, como consecuencia de ello, se paseó por Europa, los Consejos de Administración no tenían el poder y la autoridad suficiente como para acceder a la información necesaria para que su obligación fuera cumplida de manera eficaz. Lamentablemente, hoy todavía vemos episodios corporativos que nos enseñan que los Consejos siguen sin poder dar cumplimiento a su responsabilidad de forma plena.

Sin embargo, no siempre debemos culpar de todos los males a los equipos de Dirección o a los consejeros. Hay ocasiones en que las expectativas de los accionistas no son realistas y ésta es una labor clara también de los consejeros, tener la autoridad y la capacidad de hacerles ver la realidad del mercado y que la tarea de cumplir los objetivos por parte de los directivos se acerca mucho más a la realidad que a sus expectativas.

El papel del consejero no es muchas veces entendido. No pueden estar en todas partes y hacerlo todo dentro de la compañía. No son superdirectivos y tampoco es cuestión de cuán inteligentes, dedicados o competentes sean. Su rol es el de supervisar, no el de gestionar. Los consejeros actuales dedican más tiempo y esfuerzo que nunca. Muchos son muy persistentes en solicitar información que permita realizar una supervisión más eficaz, pero los resultados de 2008 y 2009 se esfuerzan por recordarnos que queda mucho por hacer.

El cambio de regulación ayuda, pero no es suficiente para conseguir que se sea más diligente en el cumplimiento de las obligaciones. Es necesario un cambio de conducta, de mentalidad y de perspectiva sobre el valor que los consejeros deben aportar, influyendo de forma decisiva en la actividad de la empresa mediante la supervisión de las acciones que se implementan.