Damian Hughes, en su libro «Pensamiento líquido», distingue entre tres tipos de personas: los que hacen que las cosas sucedan, los que observan lo que ha sucedido y los que dicen: «¿Qué ha sucedido?». El especialista en «coaching», creador de la consultora Liquidthinker, ubica a las personas creativas en el primer tipo e insta al lector a pasar a la acción y evitar la actitud de dejar que las cosas pasen.

Los expertos consideran que la creatividad debe ser una de las características del emprendedor. Solo de esa manera podrá detectar nuevos nichos de negocio o innovar en un producto o un servicio ya inventado. Recientemente, en un Encuentro de Emprendedores en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, Jon Zubía Hurtado, director de la  empresa de marketing EUROGAP Madrid, señaló que en un mercado sobresaturado, hiperfragmentado y donde es difícil captar la atención del consumidor, se hace necesario utilizar una estrategia de «marketing lateral, que utiliza la ‘provocación’ –nuevo uso, nuevo mercado, nuevo público…–, centrada en un foco del producto para encontrar una solución a los problemas antes enumerados».

Para generar nuevas ideas, Zubía aconseja la utilización de herramientas creativas: una serie de técnicas que pueden ayudarnos a encontrar un nuevo nicho de mercado o la solución que andábamos buscando. ¿Las más utilizadas? Los mapas neuronales, el «brainstorming», las analogías y el «S.C.A.M.P.E.R.».

«La elección de una herramienta u otra dependerá del objetivo y de las características de la organización que las use», observa Zubía, quien recomienda las dos primeras «por su rendimiento a corto plazo y con menor esfuerzo y por su facilidad de uso».

Pero, ¿cómo andamos de creatividad empresarial en España? Fernández responde: «Mal». Pero no, precisamente, por falta de creatividad –«en España somos creativos: en la cocina, en la publicidad, en la arquitectura…»– sino por un tema cultural: empezamos a ser creativos demasiado tarde. «Tú pones en Google la palabra ‘oposiciones’ y salen millones de resultados. Pones ‘emprendedor’ y aparecen muchísimos menos. La gente sale de la universidad queriendo ‘colocarse’. Habría que empezar por la educación primaria y que la universidad no tenga que convertirnos en creativos, sino que ya tenemos que serlo antes», opina Alfonso Fernández, responsable del Departamento de Tecnología del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, del que depende, además de otros proyectos, la Preincubadora de Empresas, un servicio integral de asesoría para nuevos negocios y empresas innovadoras en el ámbito de la ingeniería industrial.

La creatividad es una cualidad personal, no organizacional. «Los conceptos de creatividad e innovación han cambiado en los últimos meses. Antes la innovación se relacionaba con la empresa; ahora se relaciona con las  personas. Las que son creativas son las personas y son las que permiten que las compañías lo sean», afirma Fernández.

Imaginemos que ya hemos conseguido «dar a luz» una buena idea de negocio. ¿Cómo podemos hacer que se convierta en realidad? «Lo primero es la actitud. Hay que tener la actitud para enfrentarse a un camino largo y con riesgos», señala Fernández, y ofrece una ecuación sobre la que deberíamos reflexionar: «El éxito se debe a un 1% de innovación y un 99% de trabajo».

El segundo paso en nuestro camino hacia la creación de una empresa es acudir a un organismo que nos tutele. «El acompañamiento es un factor clave. Muchos organismos ofrecen ayuda al emprendedor, pero lo hacen de manera parcial», añade Fernández. Después de encontrar un organismo  que nos tutele hay que elaborar un plan de negocio. Y aquí el tutor también representa un papel importante. «Tú estás enamorado de tu idea y  es necesario que alguien la vea desde fuera. Con el corazón del emprendedor y el cerebro del tutor se llega a un plan realista», aconseja Fernández.

Por último, una vez que se ha comprobado la viabilidad del proyecto, «se puede intentar crear una empresa buscando los socios adecuados», finaliza Fernández. ¿Dónde acudir? Pues, por ejemplo, a organismos que nos proporcionen capital.

Técnicas de creatividad

Mapas mentales: creada por Tony Buzan, presidente de la Brain Foundation, es una técnica muy gráfica que relaciona ideas. Se suele utilizar para visualizar un problema y sus múltiples soluciones. «Permiten trabajar con el conocimiento y organizar mejor los pensamientos utilizando al máximo todas las capacidades de la mente», explica Jon Zubía Hurtado, director de la empresa de marketing EUROGAP Madrid.

Brainstorming: es la técnica creativa más conocida y utilizada. En realidad, es la base en la que se sustentan casi todas las demás. Fue desarrollada por Alex Osborn en los años 30. Una de sus reglas básicas es que todas las ideas son bienvenidas y está prohibida la crítica, que se realizará en la fase posterior. Zubía observa que «es una técnica grupal que se realiza en tres fases: la exploración del problema, la generación de ideas y el desarrollo de la solución, siendo en todas ellas fundamental el uso de catalizadores».

S.C.A.M.P.E.R: se trata de  un listado de preguntas que estimulan la generación de ideas. Al igual que el «brainstorming» también fue establecida por Alex Osborn. Sus siglas significan: Sustituir, Combinar, Adaptar, Modificar –o Magnificar–, Posibilitar otros usos, Eliminar –o Reducir– y Reordenar –o reinvertir–.

Analogías: consiste en resolver un problema, pero utilizando una  comparación. Sería como una metáfora: se transfiere el problema a otro contexto, a otra situación o incluso a un objeto. Imeginemos que tenemos un problema con nuestro departamento de ventas. Pues intentaríamos resolverlo comparando el problema con un partido de fútbol, por ejemplo. De este modo, pueden salir a la luz de una forma más clara las soluciones. «Este método presenta dos opciones: por un lado, hacer de lo extraño algo familiar; y, por otro, hacer de lo familiar algo extraño», dice Zubía. Consta de tres fases: análisis, generalización y búsqueda de modelos.