Entrar en clase y que el profesor sea el último premio Nobel de literatura debe ser un estímulo más que suficiente para no faltar a clase. Eso es lo que debieron pensar el año pasado los alumnos de técnicas narrativas de Princeton cuando el escritor Mario Vargas Llosa retomaba sus clases en la Universidad de New Jersey tras recoger dicho galardón en la edición de  2010.

Y es que son muchas las figuras conocidas que han compaginado su carrera profesional con la docencia. Stephen Hawking, por ejemplo, ha desarrollado una labor como profesor en Cambridge. Dejó su puesto en la Cátedra Lucasiana de Matemáticas en 2009, cuando cumplió los 67 años, pero sigue manteniendo su actividad docente como director de investigación.

El ganador del Nobel de Economía de 1994, John Forbes Nash, popularmente conocido por la película «Una mente maravillosa» también ejerció como profesor en la Universidad de Texas y en el Instituto  Tecnológico de Massachusetts. En los últimos años ha desarrollado su actividad investigadora en Princeton, por donde también han pasado maestros como Albert Einstein, que ya antes había sido profesor en la universidad de Berna y en la Universidad Alemana de Praga.

También hay políticos de primera fila que empezaron su carrera entre las cuatro paredes de un aula. Por ejemplo, el actual presidente norteamericano, Barack Obama, fue profesor de derecho en la Universidad de Chicago durante más de una década.

La experiencia cuenta

También hay casos de personalidades que hacen el camino a la inversa, es decir, que primero ejercieron una labor profesional y, años después, deciden aplicar esos conocimientos a la docencia. Es el caso de Emilio Butragueño, ex futbolista del Real Madrid y de la Selección Española, que ahora ejerce como Director General de la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid-Universidad Europea de Madrid. Aunque no imparte clases, sí ha ado conferencias y participa activamente en  el Consejo Rector. «Por mi parte, puedo aportar la experiencia de haber trabajado desde hace tiempo en la estructura del Real Madrid, un club que representa como pocos la transformación de la industria del fútbol: desde el marketing hasta la explotación de derechos e instalaciones, gestión, cuenta de resultados…», aclara el que fuera delantero del equipo blanco, ocupación que en su día compatibilizó con la de estudiante universitario.

Parar para seguir creando

«Nos tomamos dos años sabáticos y vemos a ver qué hacemos». Esta era la pretensión de Ferrán Adriá, el fundador del restaurante El Bulli, cuando, en 2010, anunció el cierre del establecimiento para convertirlo en una fundación. Los motivos eran múltiples: un sistema que no acepta el triunfo  prolongado, las largas listas de espera para conseguir una reserva –«mucha gente odiaba El Bulli porque no podía ir», dice–, etc. Sin embargo, la presión mediática se impuso: «Tuvimos que decidir la transformación en dos meses».

El Bulli cerró el 31 de julio y el antiguo establecimiento dará paso a elBullifoundation, un centro de innovación gastronómica de referencia internacional. El equipo de El Bulli ya tiene pensada una gran parte del proyecto, pero está ávido de nuevas ideas. Por eso, ha puesto en marcha, junto a Telefónica, el concurso «Global Ideas Challenge Competition», en el que alumnos de MBA de cinco escuelas de negocios «top» –ESADE, Harvard, Columbia, Berkeley y London Business School– plantearán ideas empresariales que tendrán que estar listas el próximo junio. Adriá ya se ha reunido con alumnos de ESADE, y no sin cierta humildad. «En este tema tendrían que ser mejores que yo», comenta.